miércoles, 9 de diciembre de 2020

UNDERRATED GUITAR TALK NO. 2: Pablo Martin (RAIN / ex - FROZEN)

DEJALOSANGRAR estrena álbum en «En Vivo»!




Halim Music Records presenta el álbum DEJALOSANGRAR «En Vivo» este Bandcamp Friday, grabado en la Sala Master de la Radio Universidad De Chile en otoño del año 2019.

Fue el último show donde tocaron en vivo y además se presento la banda uruguaya SENDERO DEL FILO, antes del periodo del estallido social y la cuarentena por motivo del virus Covid 19.

«Estrené el (ampli) Laney con la (guitarra) Tokai…Sentí que estuve súper conectado. (Además) fue nuestra última tocata» Hernan Polanco, guitarrista de la Banda.

Grabado y masterizado por Angel Marambio. Mezcla por René Gómez.

Escucha y descargalo a continuación:



DEJALOSANGRAR creo es lejos una de las bandas de sludge-postmetal más interesantes de Chile, talvez con LA BESTIA DE GEVAUDAN y otras, pioneros de este estilo en Chile. DS tiene la característica del contraste entre secciones minimalistas y silenciosas que dan paso a riff tormentosos, siempre lentos o a medio tiempo, en este single en particular con esas pentatonicas y ritmos agalopados propios del stoner. Es un registro en vivo que suena muy pesado, y da fé del excelente sonido que tiene esta banda en vivo."

Michel Leroy anomalosworldwide.blogspot.com

"La lentitud, la densidad y la simplicidad son atributos que, según yo, si son bien llevados pueden crear piezas musicales de características hipnóticas. Algo de todo eso es lo que me trae el sonido contenido y potente de la pieza "22 de DEJALOSANGRAR, proyecto doom chileno de Santiago. Baterías acompasadas, con espacio al silencio, bajos inquietantes, cambios anímicos, guitarras densas pero contenidas, da como resultado un paisaje musical profundo. De alguna manera, poder rescatar un género como el doom, requiere de una comprensión de un sentido ritualístico en la música. La pieza que comentamos deja espacio para querer escuchar más. Hacia el final, unos aplausos suaves le dan intimidad a la pieza grabada en vivo, como si el viaje hacia esa densidad instrumental rockera y lenta terminara en una sala de conciertos perdida en algún lugar del frío Santiago pre-cuarentena."

Mauro Rojas ciudadanodeluniversozinetv.blogspot.com

"El doom es algo que escuchaba de muy joven. Hay que tener el espíritu preparado para este tiempo y disfrutar de las texturas de guitarras distorsionadas. Este single está bien ejecutado, tiene una onda ritualistica, ceremonial que necesita la música en general. Y al parecer fue grabado de un solo tirón, bastante acertado para este tipo de propu
estas creo."

Victor Chang vrianch.blogspot.com
 

"Superb live set from one of Chile's finest combo's Favorite track: 22."

 FDJ https://bandcamp.com/fdjones

martes, 24 de noviembre de 2020

Entrevista a Lucas Soffia (LAKTIK, Prácticas Magnéticas, Poxi Records)


CIUDA DANODEL UNIVERSO: Hola Lucas, que tal? Quisiéramos saber hace cuanto estás involucrado en el bello quehacer musical.

Lucas: Hola, bien y tú? Empecé a tocar el 2014 básicamente haciendo improvisaciones con mis amigos, tocando un teclado Casio con modificaciones y un pedal de delay. A veces también batería y bajo, todo de manera muy libre.

CDU: Bien también, gracias por preguntar. Entonces comenzaste como la mayoría, jugando e improvisando. Quisiéramos saber Lucas, en qué momento tu actual proyecto LAKTIK comenzó a gestarse bajo las actuales lógicas de construcción estética musical y visual?

Lucas: El 2016 me prestaron una interfaz de audio y me empezó a interesar mucho la grabación de manera casera, trabajando por pistas y de a poco armando composiciones. Desde ahí comenzó a gestarse LAKTIK un tiempo después, en un proceso creativo en general súper electrónico. En un comienzo esa búsqueda de ruidos me llevó a generar un gran interés por los teclados antiguos, lo que derivó en un sonido que pareciera ser de otra época o incluso videojuegos. Inevitablemente esto me llevó a investigar otros formatos de grabación en donde pillé la cinta magnética para no soltarla más. Desde ahí que el sonido de LAKTIK en sus diferentes etapas de producción, está permeado por este formato de una u otra forma, terminando por construirse una mezcla sonora particular. Esto también se puede ver en los aspectos visuales, ligado a un imaginario de los 80s/90s. Pantallas de televisores CRT en 4:3 y películas de cine B. Estética desarrollada luego de haber trabajado por medio de procesos análogos-digitales en video junto a Amalgama Lab. Hoy en día LAKTIK se construye bajo estas características, como base para ahondar e investigar aún más en ellas, configurándose en paisajes distópicos y ciudades oscuras atiborradas de ruidos y naves, como también de personajes bailando en clubes de mala muerte. 

CDU: Podríamos decir que se acerca a lógicas cercanas al punk, poder basarse en la libertad de actuar/crear sin necesariamente gastar mucho dinero. Puedo imaginar que tu nuevo disco Isopropyl ha variado instrumentalmente en comparación a lo que usabas en un comienzo, o me equivoco?

Lucas: Claro, hay una lógica bien punk al decidir desde la filosofía del hazlo tu mismo, la experimentación y sin seguir ciertas estructuras. Ahora, con el nuevo disco Isopropyl hay una mayor producción instrumental en cuanto a sintetizadores y efectos, pero manteniendo esa lógica experimental como también el método constructivo desde ese diálogo análogo-digital. De cierta forma, es añadirle más capas de sonidos y texturas.

CDU: Quisiéramos saber Lucas, tu nuevo disco Isopropyl lanzado el 7 de Septiembre de este año, sientes que tiene alguna relación con los apocalípticos tiempos actuales?

Lucas: Si, de todas maneras. Creo que el nuevo disco evoca ciertos paisajes distópicos, disonantes de ciencia ficción donde se reflejan algunas cosas y sensaciones respecto al mundo en que vivimos.

CDU: Sí, la realidad pareciera estar cambiando cada vez más a dinámicas cercanas al cyberpunk, un sueño convertido en pesadilla día a día. Escuchando tu disco, puedo notar matices bien oscuros. Como sientes o percibes musicalmente los elementos sonoros de las máquinas, la electrónica con la composición de letras desde una percepción humana no totalmente robotizada?

Lucas: Concuerdo a que todo está cambiando a una realidad súper cyberpunk, de a poco nos hemos ido robotizando de una u otra manera quizás sin darnos cuenta, encaminados a una distopía de oscuros tintes empresariales y capitalistas. Musicalmente creo que las máquinas ofrecen grandes herramientas, donde se pueden hacer sonidos o canciones sin necesariamente tener más que un computador. Sin embargo, creo que hay algo más humano al manipular perillas y entrar en contacto directo con el sonido y el material de una manera táctil. Respecto a la composición, creo que va por el mismo lado, “la música de máquinas” se puede llevar a algo más orgánico si se piensa que finalmente está siendo operada por alguien, entregándole sus características, donde los cambios, la manipulación de voces y efectos (si las hay) están ligadas a quienes las controlen, cuya finalidad sonora depende del tipo de música, al resultado que te lleve o al que quieras llegar. Por otro lado, si pensamos en la cinta magnética, el sonido adquiere cualidades más fluidas y aglutinadas, pasando a un material u objeto adquiriendo cualidades físicas o táctiles, resultando un efecto menos etéreo.

CDU: Lo último que mencionas es el trabajo en cinta que caracteriza no únicamente a tu proyecto solista LAKTIK, sino algo que has trabajado de manera generalizada en el sello en el que trabajas: Poxi Records. Donde nace tu gusto por los cassettes, viniendo de una generación mega digitalizada?

Lucas: El gusto nace desde el recuerdo de otra era, en donde alcancé a vivir la cola del cassette y de cierta forma todo el sonido y la estética que trajo consigo, la cual quedó grabada en mi cerebro desde pequeño, a veces como un vago recuerdo. Por otro lado está la idea del objeto, que se pueda tocar, reproducir o copiar.

CDU: Sí, comparto también el valor objetual tanto en su sonido como en su materialidad física. Cuéntanos un poco de sello Poxi Records, cuando se creó y bajo que perspectivas está funcionado en este momento?

Lucas: Poxi Records nace a finales del 2017 con la idea de materializar ciertas ideas respecto a grabación y formatos.  Siempre desde el apañe y el hazlo tu mismo. Actualmente hay un equipo de trabajo compuesto por Pedro Rajevic y Estonia Oczara. Juntos compartimos el ideal de impulsar por medio del sello a artistas que nos parecen interesantes y ayudarlos a que puedan sacar material físico, darles una plataforma a través de la resistencia de los formatos y estilos. Actualmente estamos interesados en llevar al sello a más partes del mundo, sacar más formatos de audio e impulsarnos mutuamente.

CDU: Eso esta súper, siempre bajo tendencias de apoyo mutuo. Y en este momento, luego de haber lanzado tu primer LP con LAKTIK. Estás preparando algo nuevo? Nos puedes contar un poco sobre tus planes a futuro o es un secreto?

Lucas: jaja no sé si es un secreto pero estamos en conversaciones con el proyecto Hablemos del Alma (el cual también salió por el sello este año) de armar en conjunto algo nuevo. Por otro lado, seguir produciendo contenido visual, ojalá un videoclip.

CDU: Suena muy interesante esa unión de proyectos. Cambiando de tema, cuéntanos cómo has estado estos tiempos de pandemia, con la cuarentena y todo? Has sentido real la experiencia de ciencia ficción?

Lucas: Creo que han sido tiempos extrañísimos y de cambios en el juego mundial, en el orden de las cosas. Estamos viviendo la distopía y la realidad ha superado la ficción. De cierta manera es interesante vivir y estar imaginando al mismo tiempo el mundo del mañana.

CDU: Ahora lo último, Podrías decirnos cuáles han sido los 7 discos que más te han marcado y por qué?

Lucas: Uf que difícil, pero acá una selección:

1.- Suicide – The Second Album: Creo que la dupla Alan Vega y Martin Rev sintetizan un sonido electrónico esencial en lo que podría ser el electro-punk y la simpleza de elementos.

2.- Robert Gorl – Night full of tensión: Disco plagado de ritmos bailables y secuencias complicadísimas que me han marcado muchísimo este año.

3.- Ministry – Twitch: Discazo de un sonido excepcional y de una intensidad recargada de operaciones loops y dificultades técnicas.

4.- Electrodomésticos – Carrera de Éxitos: Pioneros en un sonido experimental, bailable, poético y oscuro.

5.- A.R Kane – I: Disco que me voló la cabeza tiempo atrás, una banda genial llena de pasajes psicodélicos, de cierta manera adelantados a su época y que no deja de sorprenderme.

6. - Mad Professor – A Caribbean Taste of Technology: Este disco es muy volado y con los delay más marcados que hay.

7.- Las Mairinas – Los retoños: Disco del año pasado que me gusta mucho, con letras muy potentes, como también una sonoridad y patrones muy profundos.

 


 

 

domingo, 22 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XVIII (y Final) por ROBERTO HOFER: Una historia que finalizó arrojando una tradición a la basura

-El desmantelamiento de una industria por la moda del casete y el vergonzoso remate a cualquier postor de nuestro patrimonio sonoro marcaron el peor epílogo para un formato golpeado.
 
Roberto Hofer Oyaneder

Hace cuatro meses partimos en busca de responder algo tan desafortunado –y que cuesta entender-, como fue el hecho que Chile dejara de producir vinilos a inicios de los años ‘80. Eso, sumado a que fuimos el único país de Sudamérica que rompió con dicho formato y puso término a una romántica historia.
 
Más allá de si aquella decisión de mercado obedeció a un mero capricho comercial, el principio del fin se incubaría en el lustro previo a ese día de 1982 cuando EMI Odeón prensó su último vinilo. Esta empresa años antes había absorbido el catálogo internacional de CBS, y al entrar en la década ochentera tenía las licencias de artistas registrados antaño en Philips y en RCA -que dejaría de prensar en 1979-. A esas alturas, sólo sobrevivían modestas etiquetas como SYM, Alerce y Quatro (creada por Camilo Fernández), a quienes les fabricaba la EMI.
 
En este tránsito a la fase terminal, las disquerías locales se abrirían desde 1981 a discos de España, Argentina y EE.UU. importados por los sellos. La popularidad del formato sonoro portátil (casete) se vio incrementado con la masificación de radiocaseteras importadas.
 
La Feria del Disco no logró revertir la tendencia pese a seguir importando vinilos al entrar la segunda mitad de los ’80, en especial música clásica. El rentable nuevo nicho del casete fue potenciado por los sellos nacionales al incorporar en sus catálogos la reedición de música popular de los años ’50, ’60 y ‘70, incluso álbumes internacionales inéditos en Chile y mucho recopilatorio.

Voz de la experiencia

A diferencia del resto del mundo, aquí en Chile el casete –y el pirateo- mataron al long play una década antes, en tanto otros países siguieron haciendo vinilos incluso en paralelo al disco compacto y, llegado el momento, por costo y demanda, el negocio del CD absorbió naturalmente al LP. En nuestro particular mercado el formato digital -de tardío “boom” a inicios de los ’90- fue el heredero reemplazante del casete.
 
Luis Torrejón, el más reputado ingeniero de sonido en la historia de la música chilena, refiere que después del golpe militar, la edición de discos de larga duración ya había quedado reducida a una mínima expresión alrededor de 1979, “cuando se desguaza la fábrica RCA Victor”, una de las dos más antiguas del país. Esto lo menciona en paralelo a la baja sufrida en las ventas de discos, “porque también todo el mundo se encandilaba con el casete”. De hecho, los sellos también promocionaban por la TV la música en cinta.
 
“Eso pasa en Chile nomás. Y pescaron la fábrica, eran 16 prensas y las regalaron a una empresa de carreteras, que hacen carreteras. En sus bodegas las tenían (…) Y después eso salió a remate, las vendieron por fierro, la fábrica, las prensas que costaban más de 60 mil dólares cada una”, añade.
Incluso remataron los moldes de prensado, “que eran un trabajo de joyería, todo eso lo remataron y (EMI) Odeón siguió en las mismas aguas (en 1981 dejó de prensar LPs y hasta 1982 elaboró singles)”. Lo atribuyó a un deslumbramiento generalizado por la industria del casete.

“Conejo de experimento”

Lo más triste es constatar del propio Torrejón que, en el plano académico, figuramos como un mal ejemplo internacional: esencialmente como país que no conserva tradiciones y se encandila con todo lo nuevo que venga (así pasó con el casete y con la tecnología digital): “Chile como dicen es el país del conejo del experimento que hay para todo el mundo. Generalmente Estados Unidos, Alemania lo usan a Chile como ejemplo para los estudios, en las escuelas, aulas, todo. Experimentamos primero y vemos acá si anda bien, van a tratar a otros países y acá nos acostumbramos a eso, uno ve a los chicos y se encandilan todos”.
El experimentado sonidista califica de terrible esa falta de visión llevada al terreno de la industria discográfica, y que gatilló otras ingratas experiencias como el destino de las grabaciones de RCA (que él ayudó a construir) y del sello Philips (en que también laboró). A propósito del remate de propiedades de ambos sellos, indica que en dicha oportunidad tomaron además todo el catálogo de grabaciones y lo subastaron: “En el caso, acá hay un personaje que se llama (Pedro) Valdebenito y él compró todo el catálogo y se quedó con todo el catálogo de RCA Victor completo. Y lo otro, un tipo que vendía acá en el mercado persa, qué sé yo, era ‘pirata’, él compró todo el catálogo de Philips y él tiene (las grabaciones originales de) la Sonora Palacios, de Palmenia Pizarro, y él empezó a editar música, discos, cedés”.
Este atentado perpetrado contra toda una tradición musical serviría de deleznable e inimaginable remache a lo ya ocurrido tras el Golpe de Estado, en que se destruyó mucho material sonoro.
 
A modo de paréntesis, como mercado modesto –en comparación con potencias como Argentina y Brasil-, Torrejón rememora que el mínimo de prensado de vinilos a nivel nacional eran mil unidades, al menos a nivel de novedades en larga duración: “eran 20 ó 30 discos de promoción y mil discos de producción”. Aquí obviamente se hacía un seguimiento de ventas y si la cosa iba acelerada se imprimían más. De acuerdo a la calidad de la pasta que se imprimía, salían dos a tres discos por minuto. “Los (discos) singles se hacían por números de radio, de competencia y se sacaba a ventas, pero no era tan importante como el long play”, acota.

¿Vamos bien, mañana mejor?

Varios vinilos de 1977 lucieron en sus contratapas un logo por los 100 años de música grabada (1877-1977), y ese mismo año EMI Odeón Chilena emitió un folleto mecanografiado que remitió a disquerías y radios, bajo el rótulo “1927-1977: Medio siglo haciendo música”. A raíz del magno evento, el sello editó un LP compilatorio que aglutinó aquella era dorada de música.
 
Aquí me detendré en el texto del pretencioso folleto promocional del medio siglo, el cual sobrevolaba cada década de historia con sus respectivos hitos, hasta que en su último capítulo intitulado “Y así llegamos a nuestros días”, el redactor del texto (N.N.) hace gárgaras con un acento de inequívoco desgaste y poco vuelo: “después de un período en el cual es difícil juzgar la real proyección artística de la música chilena, por haber estado influida ésta, al igual que toda otra actividad nacional, por tendencias ideológicas, llegamos a un período superior de nuestro desarrollo”.
Tras una autorreferente alusión acerca de ser pioneros en introducir el sonido cuadrafónico en mayo de 1975, destacaba que “durante 1976 y lo que va de este año, incluimos la refrigeración por helio de la cabeza cortadora de acetatos y el plateado automático del mismo, mejorando así el standard técnico de nuestro proceso. Este se verá notablemente incrementado al incorporar en agosto de 1977 nuestro DUPLICADOR PROFESIONAL DE CASSETTES en diciembre del mismo año los nuevos equipos para el estudio de grabación”.
 
Nótese la mayúscula en lo del proceso de cinta. El resto es historia, bluff o como se le quiera llamar. Y así llegamos al final de esta alambicada crónica de un soporte clave para la industria del entretenimiento, con pocos pero memorables momentos y también sus claroscuros.
 
Desde el aciago 1982 a la fecha, sólo hemos sabido de fallidas intentonas para reflotar al vinilo chileno, como lo han sido Discos Río Bueno (2010) o vinilos Libre Records (2015). ¿Llegará ese día en que la pasión pueda más que el mercado? ¿Será la tercera la vencida? La economía lo dirá, aunque “todo lo demás es música”.
 
En la sede museo del Sindicato Nacional de Músicos y Artistas (Sinamuarchi), en Santiago centro, esta muda vitrina nos habla de un tiempo mejor, el de la gloriosa era del vinilo nacional.

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XVII por ROBERTO HOFER: El “raspado de olla” de una histórica factoría discográfica

- Complicados para un golpeado medio artístico y muy limitados en términos de catálogo fueron nuestros últimos 10 años de prensado de discos.

Durante el periodo entre 1973 y 1982, la producción de vinilo nacional vivió una inevitable cuenta regresiva. Como ya se mencionó, fueron años de oscurantismo para la expresión artística en general, marcados por aquella camisa de fuerza llamada censura, con mil y un creadores acallados por el abuso de poder y, como remate, nuestra economía mordiendo el polvo.
La retroexcavadora de la seguridad nacional intentó borrar todo vestigio del gobierno popular, sin vacilar a la hora de destruir patrimonio cultural como muchas cintas originales de grabaciones del catálogo de RCA e IRT. La gigantesca caldera que procesaba los vinilos sería utilizada para incinerar –cual droga perniciosa- una significativa parte del patrimonio sonoro nacional como la proscrita “Nueva Canción Chilena”


Tras el Golpe Militar, es un hecho que los catálogos de nuestras discográficas entraron en un momentáneo estado de coma, con un reordenamiento crítico de los sellos existentes y la continuidad de algunos en desmedro de otros menos afortunados. De ahí se explica la “doble militancia” o alternancia casi simultánea de artistas grabando para más de una discográfica.

Recién un par de años después se rearmaría el escenario final de este sufrido mercado, el cual afrontaría los embates de la economía interna y, a la vez, los coletazos de la crisis del petróleo de 1973 (conflicto árabe-israelí). Uno de sus grandes perdedores fue la industria global del vinilo, algo impensable para el negocio musical, que al entrar a los años ‘70 reinaba en la industria del entretenimiento, vendiendo más que el cine y la literatura.
El consiguiente embargo del petróleo a las potencias aliadas de Israel fue nefasto, ya que éste se empleaba como materia prima para el prensado de discos de vinilo. De ahí que las multinacionales disqueras no invirtieran mucho en nuevos talentos y apostaran más a artistas y grupos conocidos. Hasta ahí nomás quedaría la incógnita dejada tras la disolución de los Beatles en 1970, acerca de quién se alzaría con su cetro vacante.

Ediciones “con fórceps”

En un escenario de falta de materia prima, fue anecdótico en Chile el desfase en la aparición de álbumes extranjeros, como “Machine Head” de Deep Purple (1972) que recién se editaría acá en 1974, o “Made In Japan” (1972), disco doble en vivo de la misma banda que vería la luz en 1976. Más notorio fue lo ocurrido con los vinilos de Creedence Clearwater Revival, que los publicó el efímero sello Banglad en 1975, cuando la banda estaba separada hacía años.

En el plano internacional, todas las fichas fueron a ganador con artistas que cantaron en Viña un día. La balada en español fue uno de los hijos dilectos de esta era de la escasez, con Julio Iglesias, Camilo Sesto, Manolo Galván, Mari Trini, Roberto Carlos, el “Puma” Rodríguez, Ricardo Cocciante, Nydia Caro, Sergio y Estíbaliz, además de festivaleros del ritmo como Katunga y Rumba Tres.
En esos años de austeridad, y hasta llegar a los ‘80, la onda disco –sin olvidar la sensualidad “camufla” del funk- sería el último gran ganador de los catálogos foráneos, con Boney M, Donna Summer, “Fiebre de Sábado por la Noche”, Olivia Newton-John, Earth, Wind & Fire, Barry White y KC & The Sunshine Band, entre los más vendedores.

Casi cinco décadas después, lo limitado del catálogo criollo de vinilos nacionales siempre pena en cada una de nuestras jornadas de cambalacheo y/o coleccionismo musical, a la hora de encontrar históricas ediciones chilenas de música anglo -cada vez más cerca de la extinción-, y cuyos títulos no salen mucho de Abba, Kiss, Neil Diamond, Cat Stevens, Yes, Grand Funk, Beatles o Bee Gees, entre otros.
Por casa
A partir de 1974 las etiquetas nacionales darían espacio a bandas o artistas emergentes, aunque no más allá del formato single (Klaun, Almandina, Miel, Juan Antonio Labra, Nino García), incluso con algunos covers de famosos (José Miguel y el grupo Systema, Grupo Malibú), reservando los discos de larga duración a gente ya consagrada.

El folclor criollo –incluyendo al regional- tuvo algo de vuelo en estos años ’70, con obras de Huentelauquén, Tito Fernández, Toconao, Norte Andino, Chamal, Curacas, Quelentaro, Kollahuara, Huasos de Algarrobal y los infaltables Quincheros, además de la reedición de “Las Últimas composiciones de Violeta Parra” con gráfica de René Olivares y arreglos de Nino García. Más refinados y con un pie en la música de cámara figuraron Barroco Andino y el Quinteto (Sexteto) Hindemith.
A la mayoría de éstos los registró desde los estudios del sello IRT el sonidista Franz Benko (ex músico de Los Twister), fallecido el 14 de enero de 2020. Él fue uno de los tres emblemáticos técnicos de la dorada era de grabaciones en Chile (junto a Luis Torrejón y Fernando Mateo). Benko también grabó a Los Jaivas, Víctor Jara, Frecuencia Mod, Panal, Óscar Andrade y tantos otros.

El folclor picaresco también afloró con algunas producciones, pese a la “autocensura”. Los Halcones -Patricio Morales y Luis Orellana- se hicieron famosillos en la segunda mitad de la década como Los Huasos Cochinos. Su vinilo “Cuecas con aliño” es todo un clásico, así como sus casetes “censurados” (del sello Electrosonido) que pasaban de mano en mano y eran pirateados hasta la saturación. Este enjundioso par vino a Punta Arenas en marzo de 1988, actuando a tablero vuelto en La Pincoya, traídos por el empresario Jorge Tréllez.
En esos años en que el cumbianchero Hiroito triunfaba con su “Viejo lolero”, una madurona cantante (aunque no tanto), Nilda Moya, hacía lo suyo con “La Pirilacha”, disco que sería prohibido por los censores del régimen militar por su “encriptado” contenido. Ya no tendríamos vinilos cuando los ’80 se rindieron ante los guaracheros acordes de René Inostroza.

Otras músicas

En un país de secular tradición católica, una rara avis fueron las ediciones anuales del famoso “Concierto de Oraciones”, un total de 10 volúmenes editados en Chile a contar de 1981, con canciones cristianas entonadas por cantantes de la “Nueva Ola” y otros en boga como Andrea Tessa, Cristóbal, Alberto Plaza, etc. Son una muestra del influjo de esa vieja institución llamada radio Concierto, que tuvo a Julián García-Reyes como voz ancla de dichas producciones.
¿Música docta? También la hubo en Chile, aunque mucho disco se grabó solo por encargo para prensar en otras latitudes –en especial de compositores nacionales- al no ser un género comercial.

Otros géneros fueron la música bailable (Sonora Palacios, Los Vikings 5), orquestada (Roberto Inglez, Horacio Saavedra), infantil, navideña, latinoamericana, tango y marchas militares. Aunque estas últimas suenen a dictadura, siempre se editaron e incluso el Orfeón de Carabineros tuvo el mérito de registrar una de las primeras grabaciones hechas en Chile.

No podemos dejar de nombrar a Fernando Ubiergo, uno de los talentos rescatables de los ’70 que se atrevió a cantar a los desaparecidos (“Un café para Platón”), y al sempiterno Zalo Reyes, voz “lacrimógena” que fue un bálsamo en esos años.
Como el país dejó de prensar discos en 1982, sólo quedarán las ganas de documentar el período del mal llamado “Rock Latino” al mediar los años 80, referente más bien popero y para muchos apenas una mala copia del rock argentino (pero nuestro, al fin y al cabo), un bálsamo para las nuevas generaciones, aunque llegó tarde para que “muevan las industrias” del cataléptico y sepultado vinilo.


Fernando Ubiergo “Ubiergo” (RCA Victor, 1979).

jueves, 12 de noviembre de 2020

Entrevista con René (DIOGENES, HEROPASS, Halim Music Records, El Ciuda Danodel Universo Zine)

Estonia: Hola René, primero quisiéramos saber quién/quienes son los músicos detrás de este lanzamiento. ¿Son una banda?

 René: Hola Estonia, podríamos decir que es un proyecto que nace de las ganas de versionar a una de nuestras bandas favoritas que nos inspiraron incluso antes que todo lo de DIOGENES. Participaron Gabriel, Cristian y yo, junto a Guido que es el baterista de INDOMIA.

Estonia: ¿Podrías decirnos cuál es aquella banda a la que mencionas y cuál fue su impacto en ustedes?

 René: SCREEN HAGEN fueron pioneros en los 90´s en el sonido progresivo en el heavy metal, muy en lo que hacían bandas como CONTROL DENIED, KING DIAMOND, CYNIC, FORBIDDEN, DEATH, etc… A comienzo de siglo en nuestros intentos de bandas orientadas al metal, conocimos a SH en una fase netamente instrumental…dejaron su huella en un par de demos y bootleg, que en lo personal me inspiraron a componer mucho material, incluyendo lo primero de ZOOM ABSTRACTION, una banda que teníamos antes y luego DIOGENES con los mismos integrantes.

 Estonia: Buena, para contextualizar a nuestros lectores. ¿De donde son ustedes y donde vieron tocar a SCREEN HAGEN por primera vez?

 René: De Punta Arenas, al extremo sur de la Patagonia. No recuerdo bien, pero creo que fue en el Teatro Municipal de Punta Arenas, hubo un show de una banda pionera del rock progresivo italiano llamada IL BALLETTO DI BRONZO y ese día abrió el show SCREEN HAGEN. Tocaron casi todo su repertorio de corrido sin hablar ni una sola palabra, varios recordamos ese como su mejor show, fue impactante a tal punto que quise tocar con ellos y lo hice en una reunión esporádica que hubo el 2013.

Fotografía por cortesía de Pedro Lopez A. (R.A.I.N. / ex - SCREEN HAGEN)


















 Estonia: Comprendo, es una banda que los influenció bastante. ¿Cuál es la importancia detrás de exponer esto? ¿Buscan hacer algún tipo de memoria o rescate?

 René: Si, es una banda subvalorada, que existió en un tiempo previo a las redes sociales y como no hicieron un álbum formal, casi nadie sabe de ellos. Pero quienes saben, los recuerdan con mucho respeto, ya que de ahí derivaron una serie de bandas locales. Si hablamos de lo que es rescate, sería incluso interesante conocer sus antecesores como fueron PURGATORY, DEHUMANIZE, entre otros, pero ya nos contentamos con sacar este tema. Para mi es importante que comencemos a valorar nuestros referentes locales, pero aún falta mucho para eso.

 Estonia: Me parece un buen ejercicio. Podríamos decir que SCREEN HAGEN es una banda conformada por personas mayores a ustedes ¿o me equivoco?

 René: Si, ya es otra generación. Debo mencionar que en ese tiempo, me hice amigo del baterista Pedro López, quién me presentó la banda después y también nos invito como banda de soporte para shows de sus bandas FROZEN e INFERNAL DOOM, cuando recién comenzamos.



Estonia: Además de tener DIOGENES una historia y cierta nostalgia en el trabajo de SCREEN HAGEN. ¿Reconocen actualmente tener aún como banda alguna referencia estética o compositiva proveniente de SH?

 René: Lo que creo que nos pasó fue que entre la primera década de los 2000 y la que siguió no nos actualizamos mucho más en lo que son las tendencias. El contexto de esta banda era que tocaban metal progresivo con influencias de bandas de los 80´ y 90´, pero tocaban en tocatas donde nadie más tocaba eso, con suerte habían un par de bandas de heavy metal, el resto eran de un metal más extremo u otros estilos como hardcore punk, stoner, etc. Siempre ha sido muy diverso lo que ha pasado acá con la música, aparte que es una ciudad relativamente chica a lo que es Santiago, por ejemplo.

Luego cuando vi a SH no siguieron tocando en vivo, quedamos nosotros (ZA) pero DIOGENES venía con otra inquietudes y nos pusimos a escarbar en la música más ancestral de los pueblos de esta tierra, el folclore también es súper importante para nosotros y otras influencias, que sin querer queriendo hicieron de nuestra banda algo más ecléctico. En cuanto a lo estético, en los comienzos de DIOGENES, igual quedó algo de todo esto en el sonido, la influencia de SH es innegable.

 Estonia: Me parece interesante eso que hablas del folclore. ¿De qué trata aquella exploración en la música ancestral?

 René: Fui iniciado en la música folclórica porque era la manera en la que uno podía aprender en el colegio, tocando cuecas y tonadas, conjuntos con más de 4 guitarras tocando todos juntos. Así fue como comenzamos varios de nosotros incluyendo a Efraín Cardenas (bajista original de la banda) y Gabriel Faundez (guitarrista y fundador). Sumado a que aquí en Punta Arenas el movimiento del folclore es bien importante con El Festival de la Patagonia, entre otros. Todo eso fue el entorno donde crecimos, la música que sonaba en nuestras casas y simultáneamente conociendo el rock. Ahí es donde me metí de lleno a sacar de oído lo que hacían LOS JAIVAS, GATTI (BLOPS), CONGRESO, ILLAPU, INTI - ILLIMANI, QUILAPAYUN, VICTOR JARA Y VIOLETA PARRA quién inspiró a todos los anteriores. Eso me llevó adentrarme más en esta música conociendo ritmos, aprendiendo otros instrumentos como la quena, charango, tiple, etc. Con el tiempo  me ha llevado también a conocer a otros cultores más directamente, lo que me ha dado la fuerza e inspiración para seguir componiendo, algo que viene de la música de raíz, por ejemplo, tuve la oportunidad de haber conocido una comunidad Mapuche y haber participado de su ritual, son cosas que transforman la vida entera.

 Estonia: Debió haber sido una experiencia sumamente intensa. Cambiando de tema y no menos importante. Con lo de la cuarentena restrictiva vivida en Punta Arenas. ¿Cómo han podido continuar con DIOGENES?

 René: Ha sido un periodo súper raro, es una de las pausas más largas que hemos tenido, pero igual hemos podido hacer algunas grabaciones a distancia (vivimos lejos cada uno) y luego grabamos un material para un streaming en formato acústico presentando “Versiones Acústicas”, que ha sido el último esfuerzo como banda y en forma paralela hicimos esta grabación. La idea es grabar un nuevo álbum que ya llevamos tiempo componiendo, hay material como para hacer más que un disco, pero dado las condiciones actuales creo que tardaremos más de lo esperado.



 Estonia: En gran parte ha sido así para el mundo, muchos proyectos postergados. ¿Cómo sienten la experiencia de haber trabajado en este tema de forma paralela y a distancia?

 René: Yo creo que ha sido positivo, hace un rato hablaba con Guido de INDOMIA, quién grabó la batería y estaba contento con la grabación, ya que cada uno grabó en su casa de forma remota. Yo les decía que para mí fue un sueño cumplido, aunque no participaron todos los miembros de DIOGENES, al Mono (bajista) y Gabriel (guitarrista) les gustó como sonó. Creo que siempre es bueno versionar a los músicos que a uno le gustan, se aprende harto.

 Estonia: Que bueno que lo hayas sentido como una experiencia fructífera con todas las complicaciones presenciales y que hayan podido sacar adelante esto. Además de DIOGENES, ¿Tienes otros proyectos musicales y/o artísticos?

 René: Además de DIOGENES, tengo una banda hace un par de años HEROPASS, con la que hemos estado compartiendo y tocando activamente. Este año ha sido para ponerme al día con varias cosas, entre ellas hicimos el álbum “El fin del Círculo de ENSAMBLE  CIRCULO VITAL, un colectivo de amigos músicos, material que próximamente estará en cassette por Halim Music Records y además el día de mi cumpleaños grabé una sesión de ambient music de mi proyecto HALIM. Después de todo hay varias cosas que rescato de estos tiempos, más allá de todas las dificultades. También han surgido algunas colaboraciones con músicos de INDOMIA y algo que se viene también con MATIAS CENA, donde me ha tocado colaborar con mellotron y guitarra.



En lo no exclusivamente musical, con la ayuda de varias personas hemos realizado el Ciuda Danodelu Niverso Zine y junto a Mario Aguilera, nuestro propio sello  Halim Music. Ultimamente he estado incursionando en el collage y la escritura.

 Estonia: Interesante. Creo que es muy enriquecedor que un artista se desarrolle de manera multifacética. Sobre el collage y la escritura. ¿Has publicado algo? ¿Hay alguna plataforma donde podamos ver aquellos trabajos?

 René: He publicado poco la verdad, pero sí, los números impresos del 1 al 27 del Ciuda Danodelu Niverso Zine, tienen collages que he hecho a mano y de ahí tengo varios guardados. De escritura menos aún, es un proyecto de memoria que me ha tomado mucho tiempo hacer, pensándolo bien por ahí hay un cuento que se llama El ciudadano del Universo, igual al que narraron cuando lanzamos el primer álbum de DIOGENES en vivo mientras hacía música ambiental el año 2015. Pueden revisar algo del archivo aquí en el blog, aunque no hemos digitalizado todo el material.

"Procesión En Río De La Mano". Collage Inédito 2018




 

 














Estonia: Se ve mucho material en su blog, veo que llevan años publicando desde el 2014, eso serían 6 años de constancia y esfuerzo. Podríamos finalizar la entrevista contándonos René. ¿Cuáles son los 7 álbumes que más te han influenciado y porque?

 René:

1.- LOS JAIVAS - Los Jaivas (1972): Fue la primera banda con la que me obsesioné, a tal punto que quería saber todo sobre ellos y fue una verdadera escuela a la forma en que mis amigos y yo nos acercamos a la música, primero a través del juego y luego aprendiendo a tocar sus canciones. Además tuve la oportunidad de conocer al Gato cuando tenía como 11 años, me dio buenos consejos para iniciarme en la música, a tal punto en que hace un par de años, le hicimos un homenaje al tema La Quebrá del Ají.

 2.- CONGRESO – Viaje por la Cresta del Mundo (1981): Un disco subvalorado de la música chilena, donde se cruzan sonoridades del jazz rock, progressive rock, avant garde, fusión latinoamericana, folclore, ritmos mapuche y más. Con la participación excepcional de Aníbal Correa en el piano, Ernesto Holman en el bajo fretless y la voz de Joe Vasconcellos, quien también es percusionista. Este disco contiene mucho material en cuanto a instrumentación, conceptos y ritmos que sin duda han inspirado temas como Ten Ten de DIOGENES.

 3. - The MAHAVISHNU ORCHESTRA – Inner Mounting Flame (1971): Una verdadera escuela del sonido jazz, rock, fusión, con influencia de la música clásica de la India. Ha sido un verdadera objeto de estudio para músicos, en lo personal me ha servido para conocer otro tipo de armonía y ritmos. He podido aprender y memorizar los solos de guitarra de los temas The Dance of Maya y Meeting of the Spirits. Además en la época previa a la banda ya habíamos hecho una humilde versión de esta última pieza.

 4.- CYNIC – Focus (1993): La primera vez que escuché este disco no me gustó del todo pero lo encontré muy exótico e interesante, se transformó un gusto adquirido, a tal punto que me obsesioné con la banda y más tarde me compré la misma guitarra Steinberger GM – 4T que usaron en ese álbum. Además nos llevó a adquirir sintetizadores de guitarras al igual que ellos. Podríamos decir que fueron de los progresivos más influyentes en la época en la que compusimos el álbum Caminante del Cielo (DIOGENES, incluso el nombre tiene cierta inspiración de los "cínicos").

 5.- THE GATHERING – Always (1992): Un día iba caminando por las calles Bories de Punta Arenas y en la vitrina de la disquería Mad Music veo una carátula increíble, que era la edición americana de este álbum. Le pregunté a Ricardo Palma (INDOMIA, ex – FROZEN, ex – BLODEN WED) si lo puedo escuchar y terminé comprándolo, fue un gran descubrimiento para mí ya que me llevó a conocer a René Rutten (guitarrista y fundador de la banda) con quién grabamos y producimos el mini álbum Ciudadano del Universo con los DIOGENES, a Jelmer Wiersma y otras bandas de doom metal.

 6.- KING CRIMSON – Discipline (1981): Me impactó este álbum, cuando lo escuché por primera vez en un cassette (de duración extra 90 o 100 min) que grabó mi primo Ernesto. La cara B era el álbum Beat. Quería aprender todo de KC, conseguí el amplificador Roland JC – 120 con el que grabamos los primeros de DIOGENES y en ese periodo me fui a estudiar 6 días con Robert Fripp en un convento en Mendoza, Argentina (GUITAR CIRCLE OF LATIN AMERICA).

 7.- CATHEDRAL – The Guessing Game (2010): Vicente Couve (DIOGENES) me lo presento un día y quedé loco con este álbum. Este disco resume la trayectoria de CATHEDRAL y su paso desde el sonido doom más cavernícola, al crust punk, sonidos del progresivo de los 70´ con Mellotron, grabaciones de cine giallo, entre otras rarezas. Hasta se burlan del mismo disco en Journey Into Jade, canción que recorre la trayectoria de la banda de una manera muy peculiar, cabe mencionar que después de un largo hiato se junta la banda a fines del 2009 y decidieron grabar un álbum doble (uno doom y otro progresivo) que finalmente se convirtieron en las piezas finales de su discografía. Además me abrió la perspectiva a descubrir una serie de bandas doom, folk, punk, etc. (El guitarrista) Gaz Jennings se merece todo mi respeto, es un erudito en la materia y me ha inspirado a buscar mi propio sonido en la guitarra, cosa que nunca antes le puse mucha atención.

Lectura recomendada:

https://www.halim.cl/2020/06/22/9-discos-que-influenciaron-a-rene-gomez-diogenes-heropass-halim/




domingo, 8 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XV por ROBERTO HOFER: La lluvia de música y emociones que nos dejó el “Canto Nuevo”

- Más allá de su pretencioso rótulo, esta expresión musical aportó un toque de creatividad y esperanza al Chile de los aciagos años 70.

Si el devenir musical de nuestro país, y en particular de la “Nueva Canción Chilena” (NCCH) se vio truncado por la fuerza un 11 de septiembre, la persecución del régimen de facto no pudo cortar de raíz la influencia de un movimiento cuya impronta, era más allá de ideologías o militancias, era trascender.

Así, en la historia de nuestro sufrido vinilo chileno, el desmantelado bichito de la NCCH se vería en el dilema de emigrar o sobrevivir, enfrentado su relevo a un estadio larvario de desarrollo (o metamorfosis). A mediados de aquella convulsa década, esta simiente creadora se trasvasaría o transmutaría en una corriente renovadora, inspirada en la “Nueva Trova” cubana de los años 70.

El músico Guillermo Ruff, al igual que otros impúberes en la época del Golpe –entre los que me cuento-, refiere que el “Canto Nuevo” le permitió a él tomar contacto indirectamente con la “Nueva Canción”, al trasuntar aquél “una connotación musical totalmente política”.
Este verdadero corte en el tiempo dejó abierta la brecha para el surgimiento de una expresión que heredaría diversos elementos de la NCCH. La represión de facto llevó a que se diera un énfasis más en lo instrumental, sin un mensaje tan abierto o contestatario dadas las circunstancias del momento.
A falta de radioemisoras, esta canción “nueva” devenida en canto encontraría un desahogo natural en las peñas, circuitos universitarios y parroquias, cantándole con inusitada fuerza a la vida, a lo cotidiano y a la injusticia nuestra de cada día.

Enclaves discográficos

Parte de esta oleada renovadora de cantautores populares encontró cobijo en el maternal alero de las consagradas cantantes Sonia y Myriam, cuyo sello SYM Producciones, fichó en esos años a reconocidos talentos como Óscar Andrade, Eduardo Gatti, Hugo Moraga y el Grupo Agua; y a reconocibles figuras como Miguel Piñera y su grupo Fusión Latina (quienes se hicieron famosos con un cover de “La luna llena”, de la anterior agrupación).

Claro que el desarrollo del movimiento venía de antes, siendo reconocido como verdadero impulsor del “Canto Nuevo” al DJ, periodista y productor Ricardo García (Juan Osvaldo Larrea García), fundador del sello discográfico Alerce. Este histórico personaje no sólo estuvo ligado a la “Nueva Canción Chilena”, sino que incluso fue el visionario mecenas que bautizaría y además daría alas a su continuadora corriente musical, moviendo sus artísticos hilos cual ajedrecista contra los gustos oficiales y la censura más desatada.

Tras una frustrada aspiración de hallar un nicho en la televisión chilena post Golpe, este decidido emprendedor de la cultura destinaría sus ahorros para grabar y difundir a promesas de la escena chilensis. En 1975, el ícono identificatorio de aquel alerce que rebrota con fuerza al lado del tronco caído se irguió para producir sus primeros retoños (los grupos Chamal y Ortiga) bajo el sub rótulo de “la nueva música”. Todo aporte de calidad, privilegiando incluso el gusto popular, fue bienvenido en esta apuesta.

Con los años, su fronda cobijaría a todo un movimiento de talentos fundamentales como los Schwenke & Nilo, Santiago del Nuevo Extremo, Illapu, Eduardo Peralta, Nano Acevedo, Sol y Lluvia, grupo Abril, Isabel Aldunate, Capri, Huara y tantos otros.

A la magallánica

A nivel regional, con el Festival Folclórico en la Patagonia silenciado al entrar en la década de los ’80, la expresión folclórica se mantuvo viva gracias nuestra cercanía con la movida argentina y al germen del “Canto Nuevo”. La cultura sitiada se reagrupó al calor de peñas y cafés, con la apertura de espacios disidentes de expresión artística y contingente.

Su indiscutida popularidad nos permitió tener en 1983 a Óscar Andrade y Capri en el Café Kultural; a Eduardo Peralta y Payo Grondona en La Pincoya; y a Tito Fernández en el céntrico café Garogha. El 9 de diciembre de ese año, Nelson Schwenke y Marcelo Nilo debutaban en el Cine Cervantes.

En Santiago, el recordado Café del Cerro fue por lejos el bastión de este nuevo canto y de resistencia anti dictadura, administrado por el magallánico Mario Navarro Andrade. Este egresado de Arquitectura se relacionó tempranamente con el movimiento, ya que tenía un primo integrante del grupo Wampara, pioneros del género que grabaron para Alerce y a quienes ayudó a hacer la producción.
Luego pasó a ser manager de los Aquelarre, y organizaría durante tres años los Encuentros de Juventud y Canto, con música, poesía, teatro y algo de cine en la Parroquia Universitaria. De ahí se sumó a la productora Nuestro Canto, de Miguel Davagnino. Con ella llenaría innumerables veces el Teatro Cariola cada domingo a las 10 de la mañana, único enclave de expresión en esa época.
Poesía y compromiso

Aunque el mensaje a ratos trascendía a la música, e inevitablemente se caía en la cuestión política, hubo música interesante y de calidad. como Santiago del Nuevo Extremo y el dúo Schwenke & Nilo, cuyas melodías cautivaban por partida doble gracias a la poesía de Clemente Riedemann.

No quisiera dejar de mencionar que en aquellos años en que la iglesia estuvo al lado de los perseguidos, fue relevante la edición del vinilo de la “Cantata de los Derechos Humanos”, por parte del Arzobispado de Santiago. Dicha pieza fue creada por el grupo Ortiga, Alejandro Guarello y el sacerdote Esteban Gumucio como una alegoría del texto bíblico de Caín y Abel en aquellos oscuros tiempos, y dejó una huella musical en el ámbito de la defensa de la vida. Como un encargo del arzobispado para ser presentada en el Simposio Internacional sobre los Derechos Humanos (22 al 25 de noviembre de 1978), fue estrenada en la Catedral de Santiago, con participación del actor y director teatral Roberto Parada, que fue su narrador.

El “Canto Nuevo” en su tiempo fue un bálsamo necesario para empaparnos de lo que estaba ocurriendo en Chile. Como banda sonora del “apagón cultural”, sus letras aportaron el relato, la reflexión y el compromiso social necesarios en aquellos días.

En aquellos días en que ya escuchábamos más casetes que vinilos, no faltaron aquellos cultores a los que uno iría identificando más en teoría que “orejísticamente” gracias a aquel baluarte cultural que fue la revista “La Bicicleta”, cuyo aporte crítico y metamusical se agradece.

Desgaste

Claro que con los años esta expresión se desgastó políticamente hasta caer en algo anacrónico, porque las juventudes que siguieron tampoco compraron ya sus mensajes, al punto que al “Canto Nuevo” muchos lo llamaron el “Llanto Nuevo”. Parte de ello devino con la llegada de una democracia monopolizada por los partidos políticos.
 
Y para quienes duden del influjo del “Canto Nuevo”, una de las canciones más populares de Los Prisioneros como “Nunca quedas mal con nadie” fue un dardo con presumible dedicatoria al anacronismo de un Gatti o al de dudosos cultores como Piñera, ensalzado por los medios de comunicación como “vocero” del movimiento. Jorge González deja bien claro a esas alturas que los tiempos estaban cambiando y que ellos –y sólo ellos- encarnaban “La Voz de los ’80”.
Para el cierre, tal vez la mejor frase que refleja el legado del “Canto Nuevo” es la del músico valdiviano Javier Aravena, al referir que la música de Schwenke & Nilo “estuvo presente en momentos en los que no se podía hablar libremente, donde lo que se pensaba se debía cantar”.

Roberto Hofer Oyaneder


LP recopilatorio “El Canto Nuevo” (1979, Alerce).

domingo, 1 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XV por Roberto Hofer: El cielo sin estrellas de lo que pudo ser nuestro rock

-Como “bichos raros”, los rockeros chilenos fueron una especie incomprendida, lo que a la postre les significó ser pocos pero buenos.

Tras hacer un alto en la Nueva Canción Chilena, resulta inevitable referirnos al rock chileno, hermano pobre de los fenómenos musicales de los años ‘60 (a diferencia de otras latitudes) y que, inmerso en una sociedad pacata o demasiado grave, no encontró suficientes oídos fértiles para ser legión.
Con mucha anterioridad a Los Prisioneros, La Ley o Los Tres, nuestros próceres clásicos no la tuvieron nada fácil mientras el desarrollo del pop rock era exponencial en el Primer Mundo, al punto que la propia cuna de este género musical -y de “Woodstock”- se vio amenazada frente a la “invasión” del rock británico al promediar la década.

La escena nacional engendraría exponentes alternativos a la denominada “Nueva Ola”, influenciada por la balada gringa y la rítmica rockanrolera –y criticada por algunos al verla como un mero pasatiempo musical, que no supo alentar una herencia rockera de mayor vuelo en lo poético y creativo-.

En aquel carril paralelo figuraron los “pájaros raros” del incipiente rock chileno, cuya rebeldía se estrellaría contra el filtro de una cultura musical sesgada. En lugar de publicaciones especializadas (Pelo, en Argentina; Rolling Stone, en EE.UU.), nuestra nacional revista Ritmo ponía acento en rostros de moda o intereses comerciales, con escaso foco en la evolución de procesos o tendencias artísticas más allá del numerito “pop” del momento.

De ahí que The Jocker’s, los primeros melenudos “made in Chile” ganaran tribuna más por actitud y facha a lo “Stones” (cover incluido) que por su propuesta musical. De hecho, el 29 y 30 septiembre de 1967 impusieron una marca mundial al tocar ininterrumpidamente durante 54 horas en el local de la Feria del Disco en Santiago. En Punta Arenas una juvenil banda local, Los Rebeldes, superaría dicha hazaña al tocar 74 horas 20 minutos en los estudios de radio La Voz del Sur, en calle Roca, entre el 27 y el 30 de diciembre de ese año (aunque no certificado por Guiness).

A contracorriente

Obviamente al lado de una institución como el rock argentino, su contraparte “chilensis” fue apenas un porotito que nunca germinó, aun cuando lo poco y nada que alcanzó a mostrar tuviera suficiente valor para sesudos estudios par de décadas, por parte de cronistas como Fabio Salas, Tito Escárate y Gonzalo Planet. Según este último, en aquellos años ser rockero era de frentón mal visto, “no sólo para la moral conservadora sino también para la vanguardia izquierdista, que lo consideraba elitista y extranjerizante”.

En 1966, Los Mac’s (grupo de los hermanos David y Carlos Mac-Iver) ya se anotaban con un primer disco como pioneros del rock nacional (“Go-Go / 22”, RCA Victor). Su segundo LP, “Kaleidoscope Men” (1967, RCA Victor), muy cotizado e incluso reeditado a nivel internacional, incluye el himno pacifista “La muerte de mi hermano”, con letra de Payo Gondona, que aludía a la guerra de Vietnam.

Los Sicodélicos (con Francisco Sazo) fueron otros porteños con actitud y talento.
En Europa incluso han reeditado a bandas de culto como Kissing Spell (más tarde Embrujo), Los Amigos de María (autores del temón “Vuelve a comenzar”), Escombros y Aguaturbia (con Carlos Corales y Denise), quienes el 8 de marzo de 2019 tocaron en el local de CheckPoint en Punta Arenas.

El éxito de nuestros cultores fue más bien discreto, en alguna medida por cantar en inglés y apostar más a versionar a otros. Con limitados recursos para instrumentos y amplificación, muchos de ellos ni siquiera alcanzaron a grabar discos, quedando en la memoria por sus conciertos.

Un excepcional reflejo de aquella época contestataria fue el único registro que grabaron Los Vidrios Quebrados, “Fictions” (1967, UES Producciones-RCA Victor), liderados por Juan Mateo O’Brien. Pese a ser incomprendidos en su tiempo, su álbum brilla hoy como una gema, con elaboradas y poéticas letras en inglés de cuño propio, mucha filosofía beat y un concepto musical avanzado.

Había una vez

En estas lides, los primeros que se atrevieron a rockear en español fueron los Beat 4, contando entre sus filas con los hermanos Mario y Willy Benítez (también actor). En 2013 conversamos con este último, quien recordaba su primera visita a Magallanes en junio de 1968, integrando la embajada artística de Oscar Arriagada del Show 007 (con El Hippie Show de Ricardo García en ese entonces).
A propósito de los covers, admitía que los tocó la música de Los Beatles y otros grupos de esa época como Los Shakers de Uruguay, que cantaban en inglés, “pero nosotros la gracia es que cantábamos en castellano, fuimos los primeros”. Su debut en vivo fue en un gimnasio para una Semana Portovarina y de ahí se afianzaron como banda más reconocida hasta su separación a mediados del ’72, pero con las canas se han vuelto a rearmar.

En aquella época un tanto olvidada del rock nacional recordó que además estaban Los Mac’s, Los Sonny´s (ex banda de Florcita Motuda), Los Larks (que se ponían pelucas), Los Stereos, The Rockets (donde tocaban Horacio Saavedra y su hermano Héctor), Los Diablos Azules (grupo también instrumental que acompañaba a Pat Henry). “Lamentablemente, cuando llegó el golpe (1973) todo lo que se iba avanzando en música se interrumpió, algo que era muy lindo”.
Por otro lado, resaltaba que en 2012 un sello de Alemania reeditó en vinilo su tercer LP “Había una vez”, al revalorizarse el rock chileno en el ámbito musical.

Estrellas fugaces

Los Jaivas -puntales del legendario Festival de Piedra Roja, de octubre de 1970- y Congreso serían las bandas más conocidas y de mayor proyección en este género. A ellos debemos sumar las propuestas integradoras de Congregación, Panal, En Busca del Tiempo Perdido (con Sol Domínguez, magallánica por adopción y voz de Sol y Medianoche) y Los Blops, quienes hicieron de puente con la Nueva Canción Chilena al darle soporte instrumental a Víctor Jara (“El derecho de vivir en paz”).

El golpe de Estado del ‘73 no sólo barrería con la Nueva Canción Chilena sino que limitaría los espacios y canales de expresión a nuestras vilipendiadas bandas rockeras. De hecho, algunas perderían las matrices originales de sus obras incineradas por los interventores de turno en los sellos grabadores.
Prácticamente la mayor parte de los escasos registros de rock de los años ’70 se concentran en la primera mitad de esa década como Frutos del País, Arena Movediza, Tumulto, Los Trapos (donde militaba Eduardo Valenzuela). El rock progresivo apenas logró dejar alguna evidencia en alguno que otro single del grupo Miel (factoría de Juan Carlos Duque).

De los chilenos que emigraron son memorables Antonio Smith (ex Congregación) y el multi instrumentista Joakin Bello, precursores del “New Age”; y Alvaro Peña, pionero del movimiento punk quien tocó con Joe Strummer en The 101 Ears, antes que éste último formara The Clash. Tato Gómez (ex Embrujo) y Mario Argandoña tocaron con los progresivos Focus y Pedal Point. También está Matías Pizarro con su inmortal registro “Pelo de rata”, grabado en Argentina.

Nuestra interrumpida discografía jamás recobraría el espíritu seminal de estos cultores. Tal vez lo más cercano pudo estar en la reprimida escena metalera de los años ‘80 (Dorso, Feedback, Panzer, etc.), quienes procuraron desenterrar el alma del rock nacional, pero en ese momento ya no producíamos vinilos.

Frutos Del País y su álbum homónimo de 1972 (RCA Victor).

Los Vidrios Quebrados, “Fictions” (1967, UES Producciones-RCA Victor).

Los Mac's, ‎"Kaleidoscope Men" (1967, RCA Victor).




El disco “Los Jaivas” (1972, IRT), histórico y exitoso registro.


jueves, 29 de octubre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XIV por Roberto Hofer: El “estallido musical” de un canto idealista y renovador

-La “Nueva Canción Chilena” aportó sentido social a nuestro acervo musical y lo posicionó en el cancionero latinoamericano.

En una nación futbolizada, “goles son amores”. Al hablar de aportes, independiente de su camiseta o color político, cualquier otro país hace rato ya le habría otorgado el Premio Nacional de Música a una figura de la relevancia de Patricio Manns, hoy por hoy indiscutido Tesoro Humano Vivo en esas lides. Sirva esto de pretexto para abordar aquel histórico movimiento sin precedentes que él construyó, como lo fue “Nueva Canción Chilena” (NCCH), la añeja “Nueva Canción” no fue flor de un solo día, sino un verdadero “estallido musical”, insuflando contenido e identidad a una expresión en ciernes, como perdida en medio del éxodo campo-ciudad de la primera mitad del siglo XX. El grado de penetración que alcanzaban los medios de comunicación masivos en el Chile republicano de los años ‘60 ayudaría a vehicular su producción.

Ante el “bombardeo” de ritmos y modas extranjerizantes, el “bichito” de la NCCH ancló en una juventud de clase media, estudiantil y progresista, más radicalizada y comprometida con los procesos sociales.
Desde 1963 y durante toda una década, el programa “Chile Ríe y Canta”, de radio Minería, conducido por René “Largo Farías”, fue semillero de una gran avanzada del canto de raigambre criolla. Su elenco realizó giras a lo largo del país, llegando a Magallanes entre el 17 y 20 de julio de 1966, con el auspicio de la Corporación de la Reforma Agraria (Cora). Esta embajada artística incluyó a la mismísima Violeta Parra, Pedro Messone y los Pampanitos, Sergio Sauvalle (ex Huasos Quincheros), Voces Andinas (con Patricio Manns), Cantares de Chile y un grupo pascuense. Se presentaron en el Municipal, el Gimnasio Cubierto y luego en provincias.

Discoteca histórica

El florecimiento de peñas folclóricas aquí y allá, hizo germinar un canto volcado al rescate de un sentir del pueblo -sub representado en la línea y temática del folclor en boga-. Al alero de la tradicional Peña de los Parra, este movimiento encabezado por Isabel y Ángel Parra, Víctor Jara, Rolando Alarcón y Patricio Manns, bebería del canto a lo humano y lo divino, junto con empaparse de un clamor continental.

Como expresión musical devino en todo un fenómeno discográfico, a través de la Discoteca del Cantar Popular (DICAP, también conocido como Jota Jota), compañía manejada por la Unidad Popular y dirigida por Juan Carvajal.
Durante seis años, hasta 1973, este sello editaría alrededor de 80 obras –sin contar los singles- no sólo de raíz folclórica, sino también de carácter sinfónico, infantil e inclusive rock (Los Blops y Combo Xingú). Se ha hablado de tirajes de hasta 10 mil copias o más de sus álbumes editados en vinilo, que prensaba la fábrica de la Corporación de Radio de Chile S.A. (filial chilena de RCA Victor), más tarde nacionalizada como IRT.

Entre las grabaciones más populares de su catálogo figuraron el “Canto al Programa”, de Inti-Illimani; “Pongo en tus manos abiertas…”, de Víctor Jara; y “Cantata Santa María de Iquique”, de Quilapayún.
A propósito de esta última, el fallecido músico y comunicador magallánico Juan Miranda, integrante tardío de Voces del Trumao, contaba -como detalle relatado por sus ex compañeros- que originalmente ese proyecto era para dicho conjunto: “preparen esto, les dijo Lucho Advis, que era amigo de Nelson Gallardo, el director del grupo. Ellos lo miraron y dijeron: ‘no, pero esto, ¿será atractivo? Y rechazaron la ‘Cantata Santa María’ dos o tres años antes que la tomara Quilapayún. Y fue todo un éxito”.

Universalidad

A nivel del contexto latinoamericano e internacional, la NCCH tampoco fue un fenómeno aislado. El periodista y escritor regional Reiner Canales sitúa a la canción protesta como parte de una simultaneidad de movimientos o “nuevas canciones” a nivel intercontinental. Asimismo, reconoce una sutil línea parental que vincularía a la NCCH con incipientes exponentes de la música popular en Francia, Italia e inclusive a los propios Beatles en Inglaterra.

Según el investigador Fabio Salas, la NCCH logró identificar y empoderar a través de su canto y baile al “país real”, ya presente en la poesía de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y Nicanor Parra o en la obra literaria de Manuel Rojas y Nicomedes Guzmán.
Su canción comprometida denunció, por primera vez, la injusticia y explotación en una sociedad de marcados contrastes sociales, económicos y políticos. Así, incorporó una voz crítica a la contingencia política (“La democracia”, de Ángel Parra; “Preguntas por Puerto Montt”, Víctor Jara), ), de denuncia (“La carta”, Violeta Parra) y de difusión de procesos sociales como las reformas Agraria y Universitaria. Incluso se abanderizó con el ideario del gobierno de Salvador Allende (“Venceremos”, Quilapayún), alcanzando su mayor difusión en el fragor de las campañas políticas de 1969. Porque, como dijo el malogrado Presidente, “No hay revolución sin canciones”.

La NCCH es fácilmente reconocible a través de una rica plataforma musical, de variadas categorías y familias de instrumentos, abarcando una función destinada hasta entonces en nuestro folclor a la guitarra y el arpa popular. Como referente completará su expresividad musical con el empleo de instrumentos de carácter latinoamericano, partiendo por el cuatro venezolano que la propia Violeta adopta como acompañamiento esencial. A éste se irán sumando el tiple, acordeón, bandurria y mandolina, entre tantos otros.

Canción añejada

Su influjo abarcó varias regiones, de norte a sur, como los porteños Tiemponuevo y Osvaldo "Gitano" Rodríguez. En Valdivia, desde 1966 funcionó la peña de la ex Universidad Técnica del Estado, en la que se foguearon “El Temucano” y el puntarenense Jorge Radic, y donde René “Largo” Farías conoció al dúo Anita y José, compuesto por los entonces estudiantes Ana Pradenas, y José Seves (más tarde de Inti Illimani), cantando en la Casa Luis Oyarzún.

Medio siglo después, los registros de esta “nueva” simiente cultural son muy cotizados, no sólo en lo musical sino además en su cuidadosa producción gráfica. El arte de sus portadas e insertos le dio un sustrato tal al concepto, que el trabajo de sus diseñadores Antonio y Vicente Larrea, junto a Luis Albornoz, es reconocido e incluso estudiado en otras latitudes.

Los Larrea se nutrieron en su juventud de influencias como el arte de los afiches de la cinematografía y la gráfica de revistas estadounidenses, además del cartelismo de aquellos años en Cuba y Europa. El resultado fueron notables portadas, algunas impresas en forma artesanal, lo cual les daba un sello único. Las retinas de muchos melómanos están pobladas con la fuerza de imágenes concebidas como la del gorrión muerto del disco “Basta” de Quilapayún, el icónico hippie de “Canciones Funcionales” de Ángel Parra o el conmovedor cuadro de “Pongo en tus manos abiertas...” de Víctor Jara.

Mención aparte, todas las fotos conocidas de este asesinado cantautor fueron tomadas por Toño Larrea, en una espontánea sesión en exteriores en la santiaguina calle Fleming. Dicho material le alcanzaría para ilustrar todos sus discos posteriores. De no ser por tal acierto, su rescatada figura nos sería aún más difusa.



LP “Cantata Santa María de Iquique” de los Quilapayún (1970, Jota Jota).

Disco de Víctor Jara ‎”Pongo en tus manos abiertas...” (1969, Jota Jota).



“Anita y José” (1970, DICAP), bello muestrario de la canción latinoamericana.