domingo, 15 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XVII por ROBERTO HOFER: El “raspado de olla” de una histórica factoría discográfica

- Complicados para un golpeado medio artístico y muy limitados en términos de catálogo fueron nuestros últimos 10 años de prensado de discos.

Durante el periodo entre 1973 y 1982, la producción de vinilo nacional vivió una inevitable cuenta regresiva. Como ya se mencionó, fueron años de oscurantismo para la expresión artística en general, marcados por aquella camisa de fuerza llamada censura, con mil y un creadores acallados por el abuso de poder y, como remate, nuestra economía mordiendo el polvo.
La retroexcavadora de la seguridad nacional intentó borrar todo vestigio del gobierno popular, sin vacilar a la hora de destruir patrimonio cultural como muchas cintas originales de grabaciones del catálogo de RCA e IRT. La gigantesca caldera que procesaba los vinilos sería utilizada para incinerar –cual droga perniciosa- una significativa parte del patrimonio sonoro nacional como la proscrita “Nueva Canción Chilena”


Tras el Golpe Militar, es un hecho que los catálogos de nuestras discográficas entraron en un momentáneo estado de coma, con un reordenamiento crítico de los sellos existentes y la continuidad de algunos en desmedro de otros menos afortunados. De ahí se explica la “doble militancia” o alternancia casi simultánea de artistas grabando para más de una discográfica.

Recién un par de años después se rearmaría el escenario final de este sufrido mercado, el cual afrontaría los embates de la economía interna y, a la vez, los coletazos de la crisis del petróleo de 1973 (conflicto árabe-israelí). Uno de sus grandes perdedores fue la industria global del vinilo, algo impensable para el negocio musical, que al entrar a los años ‘70 reinaba en la industria del entretenimiento, vendiendo más que el cine y la literatura.
El consiguiente embargo del petróleo a las potencias aliadas de Israel fue nefasto, ya que éste se empleaba como materia prima para el prensado de discos de vinilo. De ahí que las multinacionales disqueras no invirtieran mucho en nuevos talentos y apostaran más a artistas y grupos conocidos. Hasta ahí nomás quedaría la incógnita dejada tras la disolución de los Beatles en 1970, acerca de quién se alzaría con su cetro vacante.

Ediciones “con fórceps”

En un escenario de falta de materia prima, fue anecdótico en Chile el desfase en la aparición de álbumes extranjeros, como “Machine Head” de Deep Purple (1972) que recién se editaría acá en 1974, o “Made In Japan” (1972), disco doble en vivo de la misma banda que vería la luz en 1976. Más notorio fue lo ocurrido con los vinilos de Creedence Clearwater Revival, que los publicó el efímero sello Banglad en 1975, cuando la banda estaba separada hacía años.

En el plano internacional, todas las fichas fueron a ganador con artistas que cantaron en Viña un día. La balada en español fue uno de los hijos dilectos de esta era de la escasez, con Julio Iglesias, Camilo Sesto, Manolo Galván, Mari Trini, Roberto Carlos, el “Puma” Rodríguez, Ricardo Cocciante, Nydia Caro, Sergio y Estíbaliz, además de festivaleros del ritmo como Katunga y Rumba Tres.
En esos años de austeridad, y hasta llegar a los ‘80, la onda disco –sin olvidar la sensualidad “camufla” del funk- sería el último gran ganador de los catálogos foráneos, con Boney M, Donna Summer, “Fiebre de Sábado por la Noche”, Olivia Newton-John, Earth, Wind & Fire, Barry White y KC & The Sunshine Band, entre los más vendedores.

Casi cinco décadas después, lo limitado del catálogo criollo de vinilos nacionales siempre pena en cada una de nuestras jornadas de cambalacheo y/o coleccionismo musical, a la hora de encontrar históricas ediciones chilenas de música anglo -cada vez más cerca de la extinción-, y cuyos títulos no salen mucho de Abba, Kiss, Neil Diamond, Cat Stevens, Yes, Grand Funk, Beatles o Bee Gees, entre otros.
Por casa
A partir de 1974 las etiquetas nacionales darían espacio a bandas o artistas emergentes, aunque no más allá del formato single (Klaun, Almandina, Miel, Juan Antonio Labra, Nino García), incluso con algunos covers de famosos (José Miguel y el grupo Systema, Grupo Malibú), reservando los discos de larga duración a gente ya consagrada.

El folclor criollo –incluyendo al regional- tuvo algo de vuelo en estos años ’70, con obras de Huentelauquén, Tito Fernández, Toconao, Norte Andino, Chamal, Curacas, Quelentaro, Kollahuara, Huasos de Algarrobal y los infaltables Quincheros, además de la reedición de “Las Últimas composiciones de Violeta Parra” con gráfica de René Olivares y arreglos de Nino García. Más refinados y con un pie en la música de cámara figuraron Barroco Andino y el Quinteto (Sexteto) Hindemith.
A la mayoría de éstos los registró desde los estudios del sello IRT el sonidista Franz Benko (ex músico de Los Twister), fallecido el 14 de enero de 2020. Él fue uno de los tres emblemáticos técnicos de la dorada era de grabaciones en Chile (junto a Luis Torrejón y Fernando Mateo). Benko también grabó a Los Jaivas, Víctor Jara, Frecuencia Mod, Panal, Óscar Andrade y tantos otros.

El folclor picaresco también afloró con algunas producciones, pese a la “autocensura”. Los Halcones -Patricio Morales y Luis Orellana- se hicieron famosillos en la segunda mitad de la década como Los Huasos Cochinos. Su vinilo “Cuecas con aliño” es todo un clásico, así como sus casetes “censurados” (del sello Electrosonido) que pasaban de mano en mano y eran pirateados hasta la saturación. Este enjundioso par vino a Punta Arenas en marzo de 1988, actuando a tablero vuelto en La Pincoya, traídos por el empresario Jorge Tréllez.
En esos años en que el cumbianchero Hiroito triunfaba con su “Viejo lolero”, una madurona cantante (aunque no tanto), Nilda Moya, hacía lo suyo con “La Pirilacha”, disco que sería prohibido por los censores del régimen militar por su “encriptado” contenido. Ya no tendríamos vinilos cuando los ’80 se rindieron ante los guaracheros acordes de René Inostroza.

Otras músicas

En un país de secular tradición católica, una rara avis fueron las ediciones anuales del famoso “Concierto de Oraciones”, un total de 10 volúmenes editados en Chile a contar de 1981, con canciones cristianas entonadas por cantantes de la “Nueva Ola” y otros en boga como Andrea Tessa, Cristóbal, Alberto Plaza, etc. Son una muestra del influjo de esa vieja institución llamada radio Concierto, que tuvo a Julián García-Reyes como voz ancla de dichas producciones.
¿Música docta? También la hubo en Chile, aunque mucho disco se grabó solo por encargo para prensar en otras latitudes –en especial de compositores nacionales- al no ser un género comercial.

Otros géneros fueron la música bailable (Sonora Palacios, Los Vikings 5), orquestada (Roberto Inglez, Horacio Saavedra), infantil, navideña, latinoamericana, tango y marchas militares. Aunque estas últimas suenen a dictadura, siempre se editaron e incluso el Orfeón de Carabineros tuvo el mérito de registrar una de las primeras grabaciones hechas en Chile.

No podemos dejar de nombrar a Fernando Ubiergo, uno de los talentos rescatables de los ’70 que se atrevió a cantar a los desaparecidos (“Un café para Platón”), y al sempiterno Zalo Reyes, voz “lacrimógena” que fue un bálsamo en esos años.
Como el país dejó de prensar discos en 1982, sólo quedarán las ganas de documentar el período del mal llamado “Rock Latino” al mediar los años 80, referente más bien popero y para muchos apenas una mala copia del rock argentino (pero nuestro, al fin y al cabo), un bálsamo para las nuevas generaciones, aunque llegó tarde para que “muevan las industrias” del cataléptico y sepultado vinilo.


Fernando Ubiergo “Ubiergo” (RCA Victor, 1979).

jueves, 12 de noviembre de 2020

Entrevista con René (DIOGENES, HEROPASS, Halim Music Records, El Ciuda Danodel Universo Zine)

Estonia: Hola René, primero quisiéramos saber quién/quienes son los músicos detrás de este lanzamiento. ¿Son una banda?

 René: Hola Estonia, podríamos decir que es un proyecto que nace de las ganas de versionar a una de nuestras bandas favoritas que nos inspiraron incluso antes que todo lo de DIOGENES. Participaron Gabriel, Cristian y yo, junto a Guido que es el baterista de INDOMIA.

Estonia: ¿Podrías decirnos cuál es aquella banda a la que mencionas y cuál fue su impacto en ustedes?

 René: SCREEN HAGEN fueron pioneros en los 90´s en el sonido progresivo en el heavy metal, muy en lo que hacían bandas como CONTROL DENIED, KING DIAMOND, CYNIC, FORBIDDEN, DEATH, etc… A comienzo de siglo en nuestros intentos de bandas orientadas al metal, conocimos a SH en una fase netamente instrumental…dejaron su huella en un par de demos y bootleg, que en lo personal me inspiraron a componer mucho material, incluyendo lo primero de ZOOM ABSTRACTION, una banda que teníamos antes y luego DIOGENES con los mismos integrantes.

 Estonia: Buena, para contextualizar a nuestros lectores. ¿De donde son ustedes y donde vieron tocar a SCREEN HAGEN por primera vez?

 René: De Punta Arenas, al extremo sur de la Patagonia. No recuerdo bien, pero creo que fue en el Teatro Municipal de Punta Arenas, hubo un show de una banda pionera del rock progresivo italiano llamada IL BALLETTO DI BRONZO y ese día abrió el show SCREEN HAGEN. Tocaron casi todo su repertorio de corrido sin hablar ni una sola palabra, varios recordamos ese como su mejor show, fue impactante a tal punto que quise tocar con ellos y lo hice en una reunión esporádica que hubo el 2013.

Fotografía por cortesía de Pedro Lopez A. (R.A.I.N. / ex - SCREEN HAGEN)


















 Estonia: Comprendo, es una banda que los influenció bastante. ¿Cuál es la importancia detrás de exponer esto? ¿Buscan hacer algún tipo de memoria o rescate?

 René: Si, es una banda subvalorada, que existió en un tiempo previo a las redes sociales y como no hicieron un álbum formal, casi nadie sabe de ellos. Pero quienes saben, los recuerdan con mucho respeto, ya que de ahí derivaron una serie de bandas locales. Si hablamos de lo que es rescate, sería incluso interesante conocer sus antecesores como fueron PURGATORY, DEHUMANIZE, entre otros, pero ya nos contentamos con sacar este tema. Para mi es importante que comencemos a valorar nuestros referentes locales, pero aún falta mucho para eso.

 Estonia: Me parece un buen ejercicio. Podríamos decir que SCREEN HAGEN es una banda conformada por personas mayores a ustedes ¿o me equivoco?

 René: Si, ya es otra generación. Debo mencionar que en ese tiempo, me hice amigo del baterista Pedro López, quién me presentó la banda después y también nos invito como banda de soporte para shows de sus bandas FROZEN e INFERNAL DOOM, cuando recién comenzamos.



Estonia: Además de tener DIOGENES una historia y cierta nostalgia en el trabajo de SCREEN HAGEN. ¿Reconocen actualmente tener aún como banda alguna referencia estética o compositiva proveniente de SH?

 René: Lo que creo que nos pasó fue que entre la primera década de los 2000 y la que siguió no nos actualizamos mucho más en lo que son las tendencias. El contexto de esta banda era que tocaban metal progresivo con influencias de bandas de los 80´ y 90´, pero tocaban en tocatas donde nadie más tocaba eso, con suerte habían un par de bandas de heavy metal, el resto eran de un metal más extremo u otros estilos como hardcore punk, stoner, etc. Siempre ha sido muy diverso lo que ha pasado acá con la música, aparte que es una ciudad relativamente chica a lo que es Santiago, por ejemplo.

Luego cuando vi a SH no siguieron tocando en vivo, quedamos nosotros (ZA) pero DIOGENES venía con otra inquietudes y nos pusimos a escarbar en la música más ancestral de los pueblos de esta tierra, el folclore también es súper importante para nosotros y otras influencias, que sin querer queriendo hicieron de nuestra banda algo más ecléctico. En cuanto a lo estético, en los comienzos de DIOGENES, igual quedó algo de todo esto en el sonido, la influencia de SH es innegable.

 Estonia: Me parece interesante eso que hablas del folclore. ¿De qué trata aquella exploración en la música ancestral?

 René: Fui iniciado en la música folclórica porque era la manera en la que uno podía aprender en el colegio, tocando cuecas y tonadas, conjuntos con más de 4 guitarras tocando todos juntos. Así fue como comenzamos varios de nosotros incluyendo a Efraín Cardenas (bajista original de la banda) y Gabriel Faundez (guitarrista y fundador). Sumado a que aquí en Punta Arenas el movimiento del folclore es bien importante con El Festival de la Patagonia, entre otros. Todo eso fue el entorno donde crecimos, la música que sonaba en nuestras casas y simultáneamente conociendo el rock. Ahí es donde me metí de lleno a sacar de oído lo que hacían LOS JAIVAS, GATTI (BLOPS), CONGRESO, ILLAPU, INTI - ILLIMANI, QUILAPAYUN, VICTOR JARA Y VIOLETA PARRA quién inspiró a todos los anteriores. Eso me llevó adentrarme más en esta música conociendo ritmos, aprendiendo otros instrumentos como la quena, charango, tiple, etc. Con el tiempo  me ha llevado también a conocer a otros cultores más directamente, lo que me ha dado la fuerza e inspiración para seguir componiendo, algo que viene de la música de raíz, por ejemplo, tuve la oportunidad de haber conocido una comunidad Mapuche y haber participado de su ritual, son cosas que transforman la vida entera.

 Estonia: Debió haber sido una experiencia sumamente intensa. Cambiando de tema y no menos importante. Con lo de la cuarentena restrictiva vivida en Punta Arenas. ¿Cómo han podido continuar con DIOGENES?

 René: Ha sido un periodo súper raro, es una de las pausas más largas que hemos tenido, pero igual hemos podido hacer algunas grabaciones a distancia (vivimos lejos cada uno) y luego grabamos un material para un streaming en formato acústico presentando “Versiones Acústicas”, que ha sido el último esfuerzo como banda y en forma paralela hicimos esta grabación. La idea es grabar un nuevo álbum que ya llevamos tiempo componiendo, hay material como para hacer más que un disco, pero dado las condiciones actuales creo que tardaremos más de lo esperado.



 Estonia: En gran parte ha sido así para el mundo, muchos proyectos postergados. ¿Cómo sienten la experiencia de haber trabajado en este tema de forma paralela y a distancia?

 René: Yo creo que ha sido positivo, hace un rato hablaba con Guido de INDOMIA, quién grabó la batería y estaba contento con la grabación, ya que cada uno grabó en su casa de forma remota. Yo les decía que para mí fue un sueño cumplido, aunque no participaron todos los miembros de DIOGENES, al Mono (bajista) y Gabriel (guitarrista) les gustó como sonó. Creo que siempre es bueno versionar a los músicos que a uno le gustan, se aprende harto.

 Estonia: Que bueno que lo hayas sentido como una experiencia fructífera con todas las complicaciones presenciales y que hayan podido sacar adelante esto. Además de DIOGENES, ¿Tienes otros proyectos musicales y/o artísticos?

 René: Además de DIOGENES, tengo una banda hace un par de años HEROPASS, con la que hemos estado compartiendo y tocando activamente. Este año ha sido para ponerme al día con varias cosas, entre ellas hicimos el álbum “El fin del Círculo de ENSAMBLE  CIRCULO VITAL, un colectivo de amigos músicos, material que próximamente estará en cassette por Halim Music Records y además el día de mi cumpleaños grabé una sesión de ambient music de mi proyecto HALIM. Después de todo hay varias cosas que rescato de estos tiempos, más allá de todas las dificultades. También han surgido algunas colaboraciones con músicos de INDOMIA y algo que se viene también con MATIAS CENA, donde me ha tocado colaborar con mellotron y guitarra.



En lo no exclusivamente musical, con la ayuda de varias personas hemos realizado el Ciuda Danodelu Niverso Zine y junto a Mario Aguilera, nuestro propio sello  Halim Music. Ultimamente he estado incursionando en el collage y la escritura.

 Estonia: Interesante. Creo que es muy enriquecedor que un artista se desarrolle de manera multifacética. Sobre el collage y la escritura. ¿Has publicado algo? ¿Hay alguna plataforma donde podamos ver aquellos trabajos?

 René: He publicado poco la verdad, pero sí, los números impresos del 1 al 27 del Ciuda Danodelu Niverso Zine, tienen collages que he hecho a mano y de ahí tengo varios guardados. De escritura menos aún, es un proyecto de memoria que me ha tomado mucho tiempo hacer, pensándolo bien por ahí hay un cuento que se llama El ciudadano del Universo, igual al que narraron cuando lanzamos el primer álbum de DIOGENES en vivo mientras hacía música ambiental el año 2015. Pueden revisar algo del archivo aquí en el blog, aunque no hemos digitalizado todo el material.

"Procesión En Río De La Mano". Collage Inédito 2018




 

 














Estonia: Se ve mucho material en su blog, veo que llevan años publicando desde el 2014, eso serían 6 años de constancia y esfuerzo. Podríamos finalizar la entrevista contándonos René. ¿Cuáles son los 7 álbumes que más te han influenciado y porque?

 René:

1.- LOS JAIVAS - Los Jaivas (1972): Fue la primera banda con la que me obsesioné, a tal punto que quería saber todo sobre ellos y fue una verdadera escuela a la forma en que mis amigos y yo nos acercamos a la música, primero a través del juego y luego aprendiendo a tocar sus canciones. Además tuve la oportunidad de conocer al Gato cuando tenía como 11 años, me dio buenos consejos para iniciarme en la música, a tal punto en que hace un par de años, le hicimos un homenaje al tema La Quebrá del Ají.

 2.- CONGRESO – Viaje por la Cresta del Mundo (1981): Un disco subvalorado de la música chilena, donde se cruzan sonoridades del jazz rock, progressive rock, avant garde, fusión latinoamericana, folclore, ritmos mapuche y más. Con la participación excepcional de Aníbal Correa en el piano, Ernesto Holman en el bajo fretless y la voz de Joe Vasconcellos, quien también es percusionista. Este disco contiene mucho material en cuanto a instrumentación, conceptos y ritmos que sin duda han inspirado temas como Ten Ten de DIOGENES.

 3. - The MAHAVISHNU ORCHESTRA – Inner Mounting Flame (1971): Una verdadera escuela del sonido jazz, rock, fusión, con influencia de la música clásica de la India. Ha sido un verdadera objeto de estudio para músicos, en lo personal me ha servido para conocer otro tipo de armonía y ritmos. He podido aprender y memorizar los solos de guitarra de los temas The Dance of Maya y Meeting of the Spirits. Además en la época previa a la banda ya habíamos hecho una humilde versión de esta última pieza.

 4.- CYNIC – Focus (1993): La primera vez que escuché este disco no me gustó del todo pero lo encontré muy exótico e interesante, se transformó un gusto adquirido, a tal punto que me obsesioné con la banda y más tarde me compré la misma guitarra Steinberger GM – 4T que usaron en ese álbum. Además nos llevó a adquirir sintetizadores de guitarras al igual que ellos. Podríamos decir que fueron de los progresivos más influyentes en la época en la que compusimos el álbum Caminante del Cielo (DIOGENES, incluso el nombre tiene cierta inspiración de los "cínicos").

 5.- THE GATHERING – Always (1992): Un día iba caminando por las calles Bories de Punta Arenas y en la vitrina de la disquería Mad Music veo una carátula increíble, que era la edición americana de este álbum. Le pregunté a Ricardo Palma (INDOMIA, ex – FROZEN, ex – BLODEN WED) si lo puedo escuchar y terminé comprándolo, fue un gran descubrimiento para mí ya que me llevó a conocer a René Rutten (guitarrista y fundador de la banda) con quién grabamos y producimos el mini álbum Ciudadano del Universo con los DIOGENES, a Jelmer Wiersma y otras bandas de doom metal.

 6.- KING CRIMSON – Discipline (1981): Me impactó este álbum, cuando lo escuché por primera vez en un cassette (de duración extra 90 o 100 min) que grabó mi primo Ernesto. La cara B era el álbum Beat. Quería aprender todo de KC, conseguí el amplificador Roland JC – 120 con el que grabamos los primeros de DIOGENES y en ese periodo me fui a estudiar 6 días con Robert Fripp en un convento en Mendoza, Argentina (GUITAR CIRCLE OF LATIN AMERICA).

 7.- CATHEDRAL – The Guessing Game (2010): Vicente Couve (DIOGENES) me lo presento un día y quedé loco con este álbum. Este disco resume la trayectoria de CATHEDRAL y su paso desde el sonido doom más cavernícola, al crust punk, sonidos del progresivo de los 70´ con Mellotron, grabaciones de cine giallo, entre otras rarezas. Hasta se burlan del mismo disco en Journey Into Jade, canción que recorre la trayectoria de la banda de una manera muy peculiar, cabe mencionar que después de un largo hiato se junta la banda a fines del 2009 y decidieron grabar un álbum doble (uno doom y otro progresivo) que finalmente se convirtieron en las piezas finales de su discografía. Además me abrió la perspectiva a descubrir una serie de bandas doom, folk, punk, etc. (El guitarrista) Gaz Jennings se merece todo mi respeto, es un erudito en la materia y me ha inspirado a buscar mi propio sonido en la guitarra, cosa que nunca antes le puse mucha atención.

Lectura recomendada:

https://www.halim.cl/2020/06/22/9-discos-que-influenciaron-a-rene-gomez-diogenes-heropass-halim/




domingo, 8 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XV por ROBERTO HOFER: La lluvia de música y emociones que nos dejó el “Canto Nuevo”

- Más allá de su pretencioso rótulo, esta expresión musical aportó un toque de creatividad y esperanza al Chile de los aciagos años 70.

Si el devenir musical de nuestro país, y en particular de la “Nueva Canción Chilena” (NCCH) se vio truncado por la fuerza un 11 de septiembre, la persecución del régimen de facto no pudo cortar de raíz la influencia de un movimiento cuya impronta, era más allá de ideologías o militancias, era trascender.

Así, en la historia de nuestro sufrido vinilo chileno, el desmantelado bichito de la NCCH se vería en el dilema de emigrar o sobrevivir, enfrentado su relevo a un estadio larvario de desarrollo (o metamorfosis). A mediados de aquella convulsa década, esta simiente creadora se trasvasaría o transmutaría en una corriente renovadora, inspirada en la “Nueva Trova” cubana de los años 70.

El músico Guillermo Ruff, al igual que otros impúberes en la época del Golpe –entre los que me cuento-, refiere que el “Canto Nuevo” le permitió a él tomar contacto indirectamente con la “Nueva Canción”, al trasuntar aquél “una connotación musical totalmente política”.
Este verdadero corte en el tiempo dejó abierta la brecha para el surgimiento de una expresión que heredaría diversos elementos de la NCCH. La represión de facto llevó a que se diera un énfasis más en lo instrumental, sin un mensaje tan abierto o contestatario dadas las circunstancias del momento.
A falta de radioemisoras, esta canción “nueva” devenida en canto encontraría un desahogo natural en las peñas, circuitos universitarios y parroquias, cantándole con inusitada fuerza a la vida, a lo cotidiano y a la injusticia nuestra de cada día.

Enclaves discográficos

Parte de esta oleada renovadora de cantautores populares encontró cobijo en el maternal alero de las consagradas cantantes Sonia y Myriam, cuyo sello SYM Producciones, fichó en esos años a reconocidos talentos como Óscar Andrade, Eduardo Gatti, Hugo Moraga y el Grupo Agua; y a reconocibles figuras como Miguel Piñera y su grupo Fusión Latina (quienes se hicieron famosos con un cover de “La luna llena”, de la anterior agrupación).

Claro que el desarrollo del movimiento venía de antes, siendo reconocido como verdadero impulsor del “Canto Nuevo” al DJ, periodista y productor Ricardo García (Juan Osvaldo Larrea García), fundador del sello discográfico Alerce. Este histórico personaje no sólo estuvo ligado a la “Nueva Canción Chilena”, sino que incluso fue el visionario mecenas que bautizaría y además daría alas a su continuadora corriente musical, moviendo sus artísticos hilos cual ajedrecista contra los gustos oficiales y la censura más desatada.

Tras una frustrada aspiración de hallar un nicho en la televisión chilena post Golpe, este decidido emprendedor de la cultura destinaría sus ahorros para grabar y difundir a promesas de la escena chilensis. En 1975, el ícono identificatorio de aquel alerce que rebrota con fuerza al lado del tronco caído se irguió para producir sus primeros retoños (los grupos Chamal y Ortiga) bajo el sub rótulo de “la nueva música”. Todo aporte de calidad, privilegiando incluso el gusto popular, fue bienvenido en esta apuesta.

Con los años, su fronda cobijaría a todo un movimiento de talentos fundamentales como los Schwenke & Nilo, Santiago del Nuevo Extremo, Illapu, Eduardo Peralta, Nano Acevedo, Sol y Lluvia, grupo Abril, Isabel Aldunate, Capri, Huara y tantos otros.

A la magallánica

A nivel regional, con el Festival Folclórico en la Patagonia silenciado al entrar en la década de los ’80, la expresión folclórica se mantuvo viva gracias nuestra cercanía con la movida argentina y al germen del “Canto Nuevo”. La cultura sitiada se reagrupó al calor de peñas y cafés, con la apertura de espacios disidentes de expresión artística y contingente.

Su indiscutida popularidad nos permitió tener en 1983 a Óscar Andrade y Capri en el Café Kultural; a Eduardo Peralta y Payo Grondona en La Pincoya; y a Tito Fernández en el céntrico café Garogha. El 9 de diciembre de ese año, Nelson Schwenke y Marcelo Nilo debutaban en el Cine Cervantes.

En Santiago, el recordado Café del Cerro fue por lejos el bastión de este nuevo canto y de resistencia anti dictadura, administrado por el magallánico Mario Navarro Andrade. Este egresado de Arquitectura se relacionó tempranamente con el movimiento, ya que tenía un primo integrante del grupo Wampara, pioneros del género que grabaron para Alerce y a quienes ayudó a hacer la producción.
Luego pasó a ser manager de los Aquelarre, y organizaría durante tres años los Encuentros de Juventud y Canto, con música, poesía, teatro y algo de cine en la Parroquia Universitaria. De ahí se sumó a la productora Nuestro Canto, de Miguel Davagnino. Con ella llenaría innumerables veces el Teatro Cariola cada domingo a las 10 de la mañana, único enclave de expresión en esa época.
Poesía y compromiso

Aunque el mensaje a ratos trascendía a la música, e inevitablemente se caía en la cuestión política, hubo música interesante y de calidad. como Santiago del Nuevo Extremo y el dúo Schwenke & Nilo, cuyas melodías cautivaban por partida doble gracias a la poesía de Clemente Riedemann.

No quisiera dejar de mencionar que en aquellos años en que la iglesia estuvo al lado de los perseguidos, fue relevante la edición del vinilo de la “Cantata de los Derechos Humanos”, por parte del Arzobispado de Santiago. Dicha pieza fue creada por el grupo Ortiga, Alejandro Guarello y el sacerdote Esteban Gumucio como una alegoría del texto bíblico de Caín y Abel en aquellos oscuros tiempos, y dejó una huella musical en el ámbito de la defensa de la vida. Como un encargo del arzobispado para ser presentada en el Simposio Internacional sobre los Derechos Humanos (22 al 25 de noviembre de 1978), fue estrenada en la Catedral de Santiago, con participación del actor y director teatral Roberto Parada, que fue su narrador.

El “Canto Nuevo” en su tiempo fue un bálsamo necesario para empaparnos de lo que estaba ocurriendo en Chile. Como banda sonora del “apagón cultural”, sus letras aportaron el relato, la reflexión y el compromiso social necesarios en aquellos días.

En aquellos días en que ya escuchábamos más casetes que vinilos, no faltaron aquellos cultores a los que uno iría identificando más en teoría que “orejísticamente” gracias a aquel baluarte cultural que fue la revista “La Bicicleta”, cuyo aporte crítico y metamusical se agradece.

Desgaste

Claro que con los años esta expresión se desgastó políticamente hasta caer en algo anacrónico, porque las juventudes que siguieron tampoco compraron ya sus mensajes, al punto que al “Canto Nuevo” muchos lo llamaron el “Llanto Nuevo”. Parte de ello devino con la llegada de una democracia monopolizada por los partidos políticos.
 
Y para quienes duden del influjo del “Canto Nuevo”, una de las canciones más populares de Los Prisioneros como “Nunca quedas mal con nadie” fue un dardo con presumible dedicatoria al anacronismo de un Gatti o al de dudosos cultores como Piñera, ensalzado por los medios de comunicación como “vocero” del movimiento. Jorge González deja bien claro a esas alturas que los tiempos estaban cambiando y que ellos –y sólo ellos- encarnaban “La Voz de los ’80”.
Para el cierre, tal vez la mejor frase que refleja el legado del “Canto Nuevo” es la del músico valdiviano Javier Aravena, al referir que la música de Schwenke & Nilo “estuvo presente en momentos en los que no se podía hablar libremente, donde lo que se pensaba se debía cantar”.

Roberto Hofer Oyaneder


LP recopilatorio “El Canto Nuevo” (1979, Alerce).

domingo, 1 de noviembre de 2020

Crónicas del vinilo chileno XV por Roberto Hofer: El cielo sin estrellas de lo que pudo ser nuestro rock

-Como “bichos raros”, los rockeros chilenos fueron una especie incomprendida, lo que a la postre les significó ser pocos pero buenos.

Tras hacer un alto en la Nueva Canción Chilena, resulta inevitable referirnos al rock chileno, hermano pobre de los fenómenos musicales de los años ‘60 (a diferencia de otras latitudes) y que, inmerso en una sociedad pacata o demasiado grave, no encontró suficientes oídos fértiles para ser legión.
Con mucha anterioridad a Los Prisioneros, La Ley o Los Tres, nuestros próceres clásicos no la tuvieron nada fácil mientras el desarrollo del pop rock era exponencial en el Primer Mundo, al punto que la propia cuna de este género musical -y de “Woodstock”- se vio amenazada frente a la “invasión” del rock británico al promediar la década.

La escena nacional engendraría exponentes alternativos a la denominada “Nueva Ola”, influenciada por la balada gringa y la rítmica rockanrolera –y criticada por algunos al verla como un mero pasatiempo musical, que no supo alentar una herencia rockera de mayor vuelo en lo poético y creativo-.

En aquel carril paralelo figuraron los “pájaros raros” del incipiente rock chileno, cuya rebeldía se estrellaría contra el filtro de una cultura musical sesgada. En lugar de publicaciones especializadas (Pelo, en Argentina; Rolling Stone, en EE.UU.), nuestra nacional revista Ritmo ponía acento en rostros de moda o intereses comerciales, con escaso foco en la evolución de procesos o tendencias artísticas más allá del numerito “pop” del momento.

De ahí que The Jocker’s, los primeros melenudos “made in Chile” ganaran tribuna más por actitud y facha a lo “Stones” (cover incluido) que por su propuesta musical. De hecho, el 29 y 30 septiembre de 1967 impusieron una marca mundial al tocar ininterrumpidamente durante 54 horas en el local de la Feria del Disco en Santiago. En Punta Arenas una juvenil banda local, Los Rebeldes, superaría dicha hazaña al tocar 74 horas 20 minutos en los estudios de radio La Voz del Sur, en calle Roca, entre el 27 y el 30 de diciembre de ese año (aunque no certificado por Guiness).

A contracorriente

Obviamente al lado de una institución como el rock argentino, su contraparte “chilensis” fue apenas un porotito que nunca germinó, aun cuando lo poco y nada que alcanzó a mostrar tuviera suficiente valor para sesudos estudios par de décadas, por parte de cronistas como Fabio Salas, Tito Escárate y Gonzalo Planet. Según este último, en aquellos años ser rockero era de frentón mal visto, “no sólo para la moral conservadora sino también para la vanguardia izquierdista, que lo consideraba elitista y extranjerizante”.

En 1966, Los Mac’s (grupo de los hermanos David y Carlos Mac-Iver) ya se anotaban con un primer disco como pioneros del rock nacional (“Go-Go / 22”, RCA Victor). Su segundo LP, “Kaleidoscope Men” (1967, RCA Victor), muy cotizado e incluso reeditado a nivel internacional, incluye el himno pacifista “La muerte de mi hermano”, con letra de Payo Gondona, que aludía a la guerra de Vietnam.

Los Sicodélicos (con Francisco Sazo) fueron otros porteños con actitud y talento.
En Europa incluso han reeditado a bandas de culto como Kissing Spell (más tarde Embrujo), Los Amigos de María (autores del temón “Vuelve a comenzar”), Escombros y Aguaturbia (con Carlos Corales y Denise), quienes el 8 de marzo de 2019 tocaron en el local de CheckPoint en Punta Arenas.

El éxito de nuestros cultores fue más bien discreto, en alguna medida por cantar en inglés y apostar más a versionar a otros. Con limitados recursos para instrumentos y amplificación, muchos de ellos ni siquiera alcanzaron a grabar discos, quedando en la memoria por sus conciertos.

Un excepcional reflejo de aquella época contestataria fue el único registro que grabaron Los Vidrios Quebrados, “Fictions” (1967, UES Producciones-RCA Victor), liderados por Juan Mateo O’Brien. Pese a ser incomprendidos en su tiempo, su álbum brilla hoy como una gema, con elaboradas y poéticas letras en inglés de cuño propio, mucha filosofía beat y un concepto musical avanzado.

Había una vez

En estas lides, los primeros que se atrevieron a rockear en español fueron los Beat 4, contando entre sus filas con los hermanos Mario y Willy Benítez (también actor). En 2013 conversamos con este último, quien recordaba su primera visita a Magallanes en junio de 1968, integrando la embajada artística de Oscar Arriagada del Show 007 (con El Hippie Show de Ricardo García en ese entonces).
A propósito de los covers, admitía que los tocó la música de Los Beatles y otros grupos de esa época como Los Shakers de Uruguay, que cantaban en inglés, “pero nosotros la gracia es que cantábamos en castellano, fuimos los primeros”. Su debut en vivo fue en un gimnasio para una Semana Portovarina y de ahí se afianzaron como banda más reconocida hasta su separación a mediados del ’72, pero con las canas se han vuelto a rearmar.

En aquella época un tanto olvidada del rock nacional recordó que además estaban Los Mac’s, Los Sonny´s (ex banda de Florcita Motuda), Los Larks (que se ponían pelucas), Los Stereos, The Rockets (donde tocaban Horacio Saavedra y su hermano Héctor), Los Diablos Azules (grupo también instrumental que acompañaba a Pat Henry). “Lamentablemente, cuando llegó el golpe (1973) todo lo que se iba avanzando en música se interrumpió, algo que era muy lindo”.
Por otro lado, resaltaba que en 2012 un sello de Alemania reeditó en vinilo su tercer LP “Había una vez”, al revalorizarse el rock chileno en el ámbito musical.

Estrellas fugaces

Los Jaivas -puntales del legendario Festival de Piedra Roja, de octubre de 1970- y Congreso serían las bandas más conocidas y de mayor proyección en este género. A ellos debemos sumar las propuestas integradoras de Congregación, Panal, En Busca del Tiempo Perdido (con Sol Domínguez, magallánica por adopción y voz de Sol y Medianoche) y Los Blops, quienes hicieron de puente con la Nueva Canción Chilena al darle soporte instrumental a Víctor Jara (“El derecho de vivir en paz”).

El golpe de Estado del ‘73 no sólo barrería con la Nueva Canción Chilena sino que limitaría los espacios y canales de expresión a nuestras vilipendiadas bandas rockeras. De hecho, algunas perderían las matrices originales de sus obras incineradas por los interventores de turno en los sellos grabadores.
Prácticamente la mayor parte de los escasos registros de rock de los años ’70 se concentran en la primera mitad de esa década como Frutos del País, Arena Movediza, Tumulto, Los Trapos (donde militaba Eduardo Valenzuela). El rock progresivo apenas logró dejar alguna evidencia en alguno que otro single del grupo Miel (factoría de Juan Carlos Duque).

De los chilenos que emigraron son memorables Antonio Smith (ex Congregación) y el multi instrumentista Joakin Bello, precursores del “New Age”; y Alvaro Peña, pionero del movimiento punk quien tocó con Joe Strummer en The 101 Ears, antes que éste último formara The Clash. Tato Gómez (ex Embrujo) y Mario Argandoña tocaron con los progresivos Focus y Pedal Point. También está Matías Pizarro con su inmortal registro “Pelo de rata”, grabado en Argentina.

Nuestra interrumpida discografía jamás recobraría el espíritu seminal de estos cultores. Tal vez lo más cercano pudo estar en la reprimida escena metalera de los años ‘80 (Dorso, Feedback, Panzer, etc.), quienes procuraron desenterrar el alma del rock nacional, pero en ese momento ya no producíamos vinilos.

Frutos Del País y su álbum homónimo de 1972 (RCA Victor).

Los Vidrios Quebrados, “Fictions” (1967, UES Producciones-RCA Victor).

Los Mac's, ‎"Kaleidoscope Men" (1967, RCA Victor).




El disco “Los Jaivas” (1972, IRT), histórico y exitoso registro.