miércoles, 19 de agosto de 2020

Reliquias “made in Chile” suman valor agregado (Parte III) por Roberto Hofer O.

Crónicas del vinilo chileno


"En lo que pudiera ser visto como una limitante, gran parte de los catálogos de nuestras discográficas se centraron en todo aquello que estuviera relacionado con el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar."

Roberto Hofer Oyaneder

Aun cuando la reducida población chilena no fuera el mejor aliciente para la industria fonográfica -versus países como Argentina o Brasil-, el mercado nacional se nutrió en su minuto de grandes fenómenos de ventas, sin arriesgar más de la cuenta en la dinámica de darle “el palo al gato”. 
 
Un tema ineludible aquí (y que daría para más de un sesudo ensayo) fue esa comercial fijación por editar todo lo que estuviera relacionado con el Festival de Viña del Mar. Gran parte de los catálogos de las discográficas chilenas sacaron rédito de aquellos íconos nacidos y mal criados en la Quinta Vergara, que eran un “maná” caído del cielo para un país hambriento no sólo de entretención. Claro, todo lo asociado a la vitrina televisiva vendía muy bien. Digno botón de muestra sería el álbum “La Gran Canción” (1978, Alba), del programa homónimo de Televisión Nacional. 
 
A vuelo de gaviota, nombres como Leonardo Favio, Camilo Sesto, Katunga, Albert Hammond, Nydia Caro, Julio Iglesias, Ray Conniff o Gloria Gaynor fueron “número puesto” en el certamen viñamarino y roncaron en los rankings nacionales, al igual que ídolos tocados por la “Gaviota” como Fernando Ubiergo, Hernaldo Zúñiga o Florcita Motuda. Si hasta el criollo humorista “Bigote” Arrocet aprovechó sus “15 minutos de fama” con subproductos suyos en disquerías. 
 

“Frutos del País” 

 

En las democráticas décadas del ’50 y ’60, los catálogos de sellos nacionales y multinacionales se dinamizaron con artistas de la talla de Elvis Presley, The Beatles, Nat King Cole, Sinatra, Louis Armstrong, Javier Solís y Raphael; géneros emblemáticos como el Neofolclor (Los de las Condes, Los Cuatro Cuartos) y la Nueva Ola (Luis Dimas, “Pollo” Fuentes), sólo por mencionar algunos.

Entre los singles súper ventas “chilensis” figuran “El Rock del Mundial”, de The Ramblers, “Cómo deseo ser tu amor”, de Los Galos, y, en los ’70, “Todos juntos” de Los Jaivas. 
 
El hecho de ser el país de la región con menos ediciones discográficas, a raíz del abrupto deceso del vinilo nacional en 1982, incide en que no pocos títulos prensados aquí alcancen altas cotizaciones a nivel de coleccionistas extranjeros.
Si las ediciones chilenas de Los Beatles son valiosas por sí solas, tres vinilos “la rompen” al ofrecer carátulas distintas a sus versiones oficiales. Se trata de “Please Please Me” (que aquí se llamó: “Otro de los Beatles”), “A Hard Day’s Night” y el álbum doble blanco, editado en Chile como “The Beatles Vol.I” y “The Beatles Vol.II”. 
 
Igualmente cotizados son los prensados nacionales del grupo Kiss, en especial de sus históricos discos dobles “Alive I” y “Alive II”, que en Chile aparecieron como vinilos simples separados en cuatro volúmenes. 
 
Como rareza aparte, uno que al parecer pasó “colado” entre los censores de turno fue el vinilo “Virgin Killer” (Virgen Asesina) del grupo Scorpions (RCA, 1977), que se editó con su carátula original de una adolescente desnuda, la cual fue prohibida en todos los países angloparlantes. 
 
Un nicho en sí lo constituyen las cotizadas ediciones originales de rock chileno: Los Jaivas, Congreso, Aguaturbia, (su primer LP hace rato que se cotiza afuera en mil dólares) Los Vidrios Quebrados, Los Blops y Frutos del País, entre los más demandados, sin olvidar los discos de la serie Machitún (del nacionalizado sello IRT, dirigido por Julio Numhauser). 
 
La “Nueva Ola” es otro género nacional con muchos adeptos -nuevos y viejos-, siendo los más buscados Alan y sus Bates, los Blue Splendor, la incomparable Cecilia Pantoja y Buddy Richard, cuyo histórico vinilo “En el Astor” (1969) ha sido incluso reeditado dos veces.
 

Surcos “populares” 

 
A nivel de sellos no multinacionales, gran notoriedad alcanza la etiqueta discográfica Dicap o Discoteca del Cantar Popular (de las Juventudes Comunistas de Chile). Partió como Jota Jota, y registró el catálogo de la Nueva Canción Chilena en artesanales y cuidadas ediciones, donde tuvieron arte y parte los diseñadores Vicente y Antonio Larrea, junto a Luis Albornoz. El Golpe de Estado no sólo hizo desaparecer el sello y sus grabaciones en máster, sino que además llevó a hitlerianas quemas públicas de aquel material proscrito so pretexto de extirpar la “pandemia” comunista. Este desmantelamiento cultural sumado a la censura hacia la literatura y las artes llevó a lo que algunos han denominado “apagón cultural” (caída del nivel cultural de la población) rematado por la penetración televisiva. De sus cenizas se alzan hoy como incunables los álbumes del clan Parra, Víctor Jara, Rolando Alarcón, Quilapayún, Osvaldo Rodríguez y “colados” de otros géneros como Los Blops. 
 
Tras cartón, el productor y disc jockey Ricardo García (cuyo nombre civil fue Juan Osvaldo Larrea García) registró en su sello Alerce gran parte del legado de la Nueva Canción Chilena y el Canto Nuevo durante los años ‘70, siendo estos vinilos igual de valiosos dado su limitado tiraje. 
 
Aún más efímero fue el sello SYM (iniciales del dúo Sonia y Myriam, sus propietarias), que grabó a grandes de los años ‘70 e inicios de los ’80 como Los Huasos de Algarrobal, Óscar Andrade y Eduardo Gatti. Su vinilo más cotizado es la versión chilena de “Alturas de Machu Picchu” de Los Jaivas.
 

Rarezas 

 
Aun cuando Chile no sacó vinilos en colores, ni hubo tanto material como para encontrar partidas con errores de prensado, existe alguna que otra “rara avis” como los álbumes de Elton John que editó el efímero sello Banglad. Esta práctica comercial de juntar temas de aquí y de allá, o de cambiar título y portada a algún trabajo la aplicó con varias bandas o artistas entre 1974 y 1977. 
 
Rareza aparte es el LP de Queen “A Night At The Opera” (1975, EMI), cuya edición chilena por alguna razón no contiene las canciones “39” y “Sweet Lady”, pese a figurar incluso sus letras en el arte de portada. 
 
Un archi curioso detalle aporta el disco del grupo Yes “Yesterdays” (1975, Asfona) al parecer grabada de un master extraído de vinilo, pues incluye un ligero ruido de piquetes y posterior salto a los 1:44 minutos del tema “Survival”, segundo track del lado B. 
 
Y todo DJ que escarba en raros sonidos análogos para sus sampleos -o coleccionista que se precie de serio-, disfrutará los primeros escarceos chilenos con la música electrónica: “El computador virtuoso” de José Vicente Asuar (1973, IRT) y “Amacatá”, de Juan Amenábar (1974, Asfona). Joyas del vinilo aquí y en la “Quebrá del Ají”.
 
 
 

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