domingo, 16 de agosto de 2020

Crónicas del vinilo chileno IV por Roberto Hofer O.

Primeros magallánicos que plasmaron su música en microsurco


-Una selecta lista de músicos e intérpretes regionales hicieron historia aquí y allá, grabando inmortales melodías en Chile y el extranjero durante los años de apogeo de grabaciones en disco.

Al hablar de música envasada, como el buen vino, siempre resultará grato poder atesorar algún pedacito de Magallanes en vinilo. Esto no es meramente un decir, pues -aunque no del todo fácil- existe una selecta lista de músicos e intérpretes de nuestra región que hicieron historia, grabando inmortales melodías en Chile y el extranjero durante los años de apogeo del vinilo.

Para ello debemos remontarnos a tiempos pretéritos, en los que verdaderos pioneros del arte soñaron con trascender y de paso posicionar a Magallanes a través del canto. Si 20 años no es nada –parafraseando a Gardel-, un siglo tampoco, pues todo recuento partirá en los años posteriores al cuarto centenario de Magallanes, periodo que Mateo Martinic, nuestro Premio Nacional de Historia, bautizó como “de inquietud y crisis” -lo cual no es poco- y que cuajaría cual primavera en la segunda mitad del siglo XX.

Eran años de estrecheces económicas (producto de la posguerra más el impacto de la apertura de Canal de Panamá), efervescencia sindical, aspiraciones regionalistas y una nueva noción de mundo a través del cine, la radiodifusión y la aeronavegación. Un mozalbete llamado José Bohr (nacido en Alemania) brillaría con luz propia como primer crédito artístico regional de renombre. Este inquieto y multifacético artista fue pionero nacional de la cinematografía –junto a su socio y amigo Antonio Radonich-. Incursionó además en la música, y en 1923 se mudó a Buenos Aires a tentar suerte como compositor y cantante (para las etiquetas Nacional y Victor). Allí, trabajó con Carlitos Gardel y su popularidad le valió el apodo de “Ché” Bohr. Incluso consolidaría su carrera como cineasta en Estados Unidos.
En lo musical, se le atribuye la autoría de 200 canciones. Sus piezas grabadas más recordadas fueron su inmortal “Himno a Punta Arenas” (194?) y la multiversionada “Y tenía un lunar” (rescatada como tema principal de la telenovela “Pampa Ilusión”, de TVN), en cuya última edición en single se acompañó de los Red Junior (1966, Polydor).

Voces hermanadas

Si de tradición se trata, al promediar la cuarta década de siglo se alzarían como artistas de fama internacional los Hermanos Barrientos: Marina, Tito y Carlos. Este trío folclórico nacido en el barrio Prat tendría un modesto debut artístico en 1939, en el desaparecido Cine Teatro Prat.
Como primer conjunto 100 por ciento magallánico en grabar un disco, su talento los proyectaría hacia los mejores teatros de América Latina y España. Incluso participaron en el cine en una película de José Bohr junto a Ester Soré, “La Negra Linda” y Los Provincianos. Su mayor hit sería “Corazón de escarcha”, del “Chilote” Campos, en 1946.

Su último vinilo editado en Chile fue “Los Hnos. Barrientos” (1979, Alba). En 2018 falleció Marina, su última sobreviviente, quien residía en Arica.
A fines de los años ’30 cuajaría otra precoz semilla de la mejor cepa artística: Sonia y Myriam Von Schrebler, herederas de la famosa Cora Santa Cruz (pseudónimo de Hilda García Ossandón, pues era mal visto para el prestigio familiar que una mujer fuera artista). Ambas vivieron su niñez en Punta Arenas y templaron sus infantiles registros en el medio radial y eventos sociales. De ahí crecerían en su itinerancia juvenil en las lides corales, codeándose con grandes artistas, hasta consolidarse como dúo en los años ’50, y de ahí saliendo a conquistar al mercado latinoamericano. Prueba de ello es su famoso disco “Sonya y Myriam en La Habana”. Ambas llegaron a México en los ’60, adonde la menor de ellas haría una exitosa carrera solista como “Sonia, la Única”, siendo invitada en 1967 al mítico “Show de Ed Sullivan”, en Estados Unidos (el mismo que tres años antes había batido récords de sintonía al invitar a los Beatles).
Myriam se proyectó en España, al igual que los hijos de ésta: Cristina (Narea), reconocida cantante y compositora, y Carlos destacado productor musical; ambos cercanos a Joaquín Sabina.

En 1979, de vuelta en Chile crearían el sello SYM (Sonia y Myriam), cuyo vinilo más celebrado es “Sonia canta a Violeta Parra, 10 temas de amor”, trabajo único de maridaje sonoro latinoamericano y jazzero, con arreglos y dirección orquestal de Guillermo Rifo y acompañamiento del súper grupo Latinomúsicaviva.

Música y palabras

Volviendo a este terruño, una decana institución como la Sociedad Coral de Magallanes dejó un testimonio en vinilo grabado en 1965, para el sello Odeón (de Producciones Alfonso Cárcamo, Radio Polar), con una inolvidable versión del emblemático "Himno a Punta Arenas" y "El ovejero de mi tierra" (de José Bohr y José Grimaldi). Dirigidos por el eterno Manuel Ojeda, y con arreglos de Enrique Lizondo, la leyenda reza que una copia del single llegó hasta el mismísimo Vaticano por intermedio del obispo diocesano Vladimiro Boric.
Como aporte extra musical, el vate José Grimaldi pasó a la posteridad con su famoso registro en long play “Dice Sus Versos” (1967, Odeón), donde le canta a "El ovejero de mi tierra", a la población "18 de Septiembre", a Playa Norte, a la laguna de patinar e incluso al “mejor obrero de Chile del año 1963”.

¡Aluminio, aluminio!

Hará cosa de medio siglo atrás que el género cumbianchero se inscribió con mayúscula en el mercado discográfico con sendas grabaciones realizadas en Santiago –hoy objeto de culto-. Los Tama abrieron la senda con su álbum “Te Invito A Bailar” (1968, Odeón) con generosos ritmos, desde boleros ("Esta tarde vi llover"), el “Pata-Pata” de Miriam Makeba, el tango "Sentimiento gaucho" (de Francisco Canaro) hasta su propio "Tama ritmo", con sones de mambo.
Integraron esta incipiente banda de la movida magallánica: Raúl “Ranita” Ramírez, Juan Trujillo, Hugo Mellado y Luis Varas. Este último grabaría años después un vinilo como Luigi y Los Teikos, para el sello Astral, hoy inhallable.
En 1972, Los Trianeros (Ernesto Márquez, Luis Uribe, Manuel Muñoz y Humberto Leiva) añadieron sones parranderos al "Himno a Punta Arenas" (de José Bohr) y lo convirtieron en hit radial. Su primer LP, “Bailando de sur a norte” (Odeón), incluía canciones tan diversas como “Volver” (de Carlos Gardel), “La pollera colorá”, “Los marcianos”, “Guantanamera”, “Murió la flor” (Los Ángeles Negros), “La chica de Ipanema”, “Qué rico el mambo” y “Mambo Nº8”.
Con su segundo álbum “Los Trianeros” (1974, sello London) se lucieron con arreglos de éxitos como “El milagro de tus ojos” (del argentino Donald), el cumbión “Bailando en short” (extraído y arreglado de una orquesta de la época), “Chico de mi barrio” (de Tormenta), “Río Verde (Los Iracundos) y su original “Cumbia Alegre”.
Tras cartón, el sello London sacaría un disco “Split” –lado y lado-de Los Trianeros junto a Los Bucaneros llamado “Aquí le trabajamos al Baile”, con éxitos de su segunda placa. Otro imperdible del bailongo.

Roberto Hofer Oyaneder

DIARIO EL MAGALLANES 16-AGOSTO-2020

 

 

 

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